martes, 21 de octubre de 2008

pesimismo

¿Cómo voy a entenderte, si no me entiendo a mi mismo?
Y sobre mi alma se cierne -cruenta- otra noche impregnada con la rutina de la melancolía, sin estrellas, sin abrazos.
Siento no ser más fuerte, trato de sobreponerme, pero el peso de la vida me dobla la espalda.
No me beses, ni me digas que me quieres.
Me bastaría tu sonrisa cómplice

...
Afuera, llueve en la ciudad, como llueve en mi corazón.

Memoria histórica

Resulta insólito que, cuando se cumplen ya casi 70 años desde que se silenciaron los cañones de nuestra contienda civil, los nietos de los combatientes continuemos enfrascados en una encarnizada batalla, aunque ahora sea ideológico-política.

Mi memoria es exigua, incluso para las cosas que sucedieron ayer mismo. Sin embargo, en mi caso (y casa), la reconciliación está fuera de toda duda, ya que, siendo yo nieto de falangista, la mujer que quiero es nieta de alcalde republicano.
Aunque,- no me hagáis mucho caso-, creo recordar que alguien comentó algo así como que “el matrimonio es el arte de la guerra por otros medios”…

Pero prefiero la batalla bajo las sábanas que la pelea sobre las tumbas

Saludos
Tordon

PD: Por cierto: ¡¡¡me rindo!!!

domingo, 19 de octubre de 2008

El desconocido (3)

...
Esto hizo brotar un sentimiento de simpatía y esbozó una sonrisa, comprobando que, a su vez, el desconocido le devolvía,- cómplice-, la sonrisa. Y le reconfortó entonces la calidez de aquella mutua comprensión. Sintió deseos de conocerle, de hablar con él, de expresarle sus ideas, de ofrecerle su amistad, de compartir sus desvelos… Inició con la mano un ligero movimiento de saludo, pero le retuvo la inevitable timidez de siempre:
-¡Me tomaría por un estúpido!- pensó.
Y permaneció así durante unos minutos, inmóvil, absorto en la contemplación de aquel hombre, de su patética desesperanza, del escepticismo de aquella triste mirada, del abatimiento que traslucían aquellos párpados entornados…
De improviso, un destello en el espejo interrumpió sus reflexiones.
Y observó, desconsolado, cómo una tibia lágrima surcaba la mejilla de aquel desconocido…

sábado, 18 de octubre de 2008

Consenso

Del latín, consensus, es el acuerdo producido por consentimiento entre todos los miembros de un grupo.
Hoy, en el Auditorio Príncipe Felipe, y con representación de todos los estamentos nacionales e internacionales más representaitivos de la actividad, he asistido a la 1ª Conferencia Nacional de Consenso sobre el injerto óseo del Seno Maxilar, especialidad de verdadera importancia para los “técnicos de ayudas a la alimentación”.
Resulta asombroso comprobar cómo se pueden obtener resultados extraordinarios, -y la bibliografía así lo atestigua-, tanto si se usa un autoinjerto, un xenoinjerto , un injerto aloplástico, o incluso sin utilizar nada.
Ante el cariz que tomaban los debates, uno de los dictantes recordó la anécdota en la que se preguntaba a un ingeniero, a un economista y a un abogado, cuánto eran 1 +1.
El ingeniero respondió:
- Considerando que ambos son números primos y los posibles enfoques matemáticos de la incógnita que buscamos, la respuesta sería incierta…
-Difícil consulta -añadió el economista- ya que, con la volubilidad de los tipos de interés y las incertidumbres de los valores bursátiles, no podría yo certificar una respuesta segura…
El abogado, sin titubear, miró a los ojos a su interlocutor y sentenció:
-Y usted, ¿cuánto quiere que sea?
Conclusión, que a la vista de las evidencias científicas, la documentación bibliográfica existente, la experiencia clínica y el estudio de los meta-análisis, hemos llegado a un consenso que podría resumirse diciendo que “No existe consenso posible”

PD: A ver qué tal se nos dá mañana.



El desconocido (2)

...
Más tranquilo, y como autoafirmación, se atrevió a anclar en él la mirada, a escrutar su fisonomía, a escudriñar las facciones de aquel ajado semblante. Sin motivo aparente, sintió un pequeño escalofrío recorriéndole la espalda imaginándose con la misma edad de aquel hombre. Cruzó su mente, como una ráfaga, la imagen de sí mismo envejecido, la piel marchita, la lozanía de su juventud sepultada entre las arrugas. Y contempló la forma del fantasma de su propia sombra, la del espectro de lo que algún día sería…Se estremeció ligeramente, pero a continuación, sin pretenderlo, una progresiva melancolía comenzó a invadirle y presintió que su futuro estaba unido al destino de aquel extraño ser que tan indiferentemente le observaba. Y su desasosiego aumentó al comprobar que aquel hombre parecía confuso, desconcertado, dubitativo, con un aire ligeramente enfermizo. De hecho, tenía todo el aspecto de necesitar algún tipo de ayuda, algún consejo desinteresado; ¿Comprendía aquel hombre, -y en tal caso, aceptaba-el significado de una vida rutinaria? Tal vez se debatiera en la búsqueda infructuosa de ingenua s utopías; quizá no deseara ser feliz y solo se hallara a la espera de la nada. ¿Se estaría,- simplemente-, consumiendo? ¿Sería la soledad su única compañía? En algún momento, adivinó en aquella expresión la mueca de una incipiente locura. Y acaso, en su naciente delirio, aquel hombre solo esperaba, -tras la muerte-, una segunda oportunidad…
...

viernes, 17 de octubre de 2008

El desconocido (1)

No era un hombre valiente, pero trataba de sostener la mirada ante cualquiera. En especial,- y así resultaba más fácil-, si éste era un total desconocido.
-“El anonimato reafirma la confianza de los tímidos”-, pensó mientras sentía que un intenso rubor se agolpaba en sus mejillas.
Por otro lado, los rasgos de aquel hombre,-asomado frente a él en la ventana-, poblaban su mente de vagos recuerdos. Había algo amenazador en aquella efigie, algo etéreo e informe de lo que no lograba abstraerse. Espoleado por la curiosidad, reflexionaba sobre el motivo de ese desagradable desasosiego.
El desconocido, por su parte, mostraba una total falta de interés. Y eso, en vez de tranquilizarle, hería su orgullo (¡maldita vanidad!), y le hacía sentir un inexplicable rechazo. La ambigua pose que exhibía aquel tipo, un poco desafiante a primera vista, no transmitía,-tuvo que reconocer- , una agresividad especial, por lo que tras una breve observación,nuestro amigo concluyó que tras las huellas de aquel rostro, tan solo se ocultaba un acentuado cansancio.
...

jueves, 16 de octubre de 2008

Brrrumm...brrrumm

Él con su “canarinha”, yo con mi “negra”, con dos pares de narices, cuatro pares de gafas, ocho pares de euros, 16 pares de litros de gasolina, 32 pares de colutorios para encías, y poco más, Pepe y Tordon salieron la semana pasada para recorrer la Ruta de la Ribeira Sacra en moto.
”Monasterios, agua y vino”, se podía leer en el folleto, aunque en realidad fue mucho de lo último y poco de las otras dos cosas.”
Entre 27 máquinas gigantescas, ágiles y vistosas llamaban la atención dos renqueantes cenicientas: Las nuestras.
He aprendido en estos días mucha filosofía de dos ruedas, tal como que “no es la moto la que tira al motorista, sino al revés”, y también me he instruido con otros conocimientos más profundos e interesantes.
Pero estos últimos ya os los contaré en cuanto se me quite el olor a gasolina.