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domingo, 8 de noviembre de 2009

Moto-Mito

Siempre he sido un gran aficionado al deporte de las dos ruedas, tanto en la vertiente de tracción animal, (algún día os hablaré de mis experiencias como ciclista), como en la vertiente de tracción mecánica.
Y hoy, en este día en el que Dani Pedrosa acaba de ganar el Gran Premio de Valencia del Campeonato del Mundo, es el momento adecuado para hablar de este mito de la velocidad, de esta leyenda homérica de los circuitos, de este héroe del asfalto.
Sí, héroe, porque como señala Sterne, “la temeridad cambia de nombre cuando se obtiene éxito y pasa a llamarse heroísmo”.
Sin embargo, si paramos un instante la moto y recordamos a los clásicos, estimados blogueros,nos daremos cuenta que ,-así como solo se necesita un instante para forjar un héroe-, se precisa una vida entera para edificar un hombre.

Y yo, que conozco al Dani de vaqueros y camiseta , al héroe despojado de la brillante y colorista armadura, os aseguro que su semblante en nada difiere del de uno de mis hijos adolescentes: Y es que, alejado del campo de batalla, silenciosa la rugiente espada y sosegados los briosos caballos, solo existe un ser tímido, físicamente menudo, frágil, amable, bondadoso y –como casi todos los jóvenes- con cara de sueño atrasado y ganas de jugar a la Play-Station.

Así pues, amigos míos, podéis ensalzarle en los podios, regarle con espumosos cavas, acompañarlo de bellas azafatas y encumbrarlo al firmamento de los dioses del Olimpo, pero no olvidéis nunca, que tras esa oscura visera de competición, tan solo se encuentra un buen chico, un joven responsable que lucha por hacerse un hombre.
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jueves, 16 de octubre de 2008

Brrrumm...brrrumm

Él con su “canarinha”, yo con mi “negra”, con dos pares de narices, cuatro pares de gafas, ocho pares de euros, 16 pares de litros de gasolina, 32 pares de colutorios para encías, y poco más, Pepe y Tordon salieron la semana pasada para recorrer la Ruta de la Ribeira Sacra en moto.
”Monasterios, agua y vino”, se podía leer en el folleto, aunque en realidad fue mucho de lo último y poco de las otras dos cosas.”
Entre 27 máquinas gigantescas, ágiles y vistosas llamaban la atención dos renqueantes cenicientas: Las nuestras.
He aprendido en estos días mucha filosofía de dos ruedas, tal como que “no es la moto la que tira al motorista, sino al revés”, y también me he instruido con otros conocimientos más profundos e interesantes.
Pero estos últimos ya os los contaré en cuanto se me quite el olor a gasolina.