
Otra de las opciones posibles sería que os ilustrara sobre el origen de ese rutinario protocolo navideño que consiste en brindar con alcohol.
¡Caray, qué rápido os habéis decidido!
Cuenta la leyenda que el origen de la palabra “brindis” se remonta al día en la que los lansquenetes -(mercenarios alemanes al servicio de los ejércitos de los Austrias)-, tras una de las múltiples victorias en Italia, mirando al emperador, levantaron sus copas al grito de “Ich bring dir´s” que significa algo así como “yo te lo traigo, yo te lo entrego”.
No obstante, es probable que esto del brindis tenga su origen en épocas aún más antiguas en las que resultaba habitual envenenar los gin-tonics de aquellas personas que no te caían lo suficientemente bien. Y el hecho de deglutir (simultáneamente) con el anfitrión idéntica bebida aseguraba a los invitados no toparse con un gratuito- e inesperado- viaje al más allá.
De igual manera, esa ruidosa costumbre de “chocar” las copas tal vez comparta un origen similar, ya que el brusco contacto, teóricamente, provocaría la mezcla de los líquidos y transmitiría la confianza de que la bebida estaría igual de limpia (o no) para todos los que participan en el brindis.
Pero en esto del bebercio– como en el comercio- existe una versión más romántica que trata de explicar la bárbara costumbre del "impacto cristalino" diciendo que el "chin-chin" tendría como fin lograr que el único de los cinco sentidos que no participa en el trasiego alcohólico (que se ve, se huele, se degusta, se paladea, pero no se oye) también participe en tan solemne evento…
¡Qué enternecedor, coño, voy a llorar!
No obstante, es probable que esto del brindis tenga su origen en épocas aún más antiguas en las que resultaba habitual envenenar los gin-tonics de aquellas personas que no te caían lo suficientemente bien. Y el hecho de deglutir (simultáneamente) con el anfitrión idéntica bebida aseguraba a los invitados no toparse con un gratuito- e inesperado- viaje al más allá.
De igual manera, esa ruidosa costumbre de “chocar” las copas tal vez comparta un origen similar, ya que el brusco contacto, teóricamente, provocaría la mezcla de los líquidos y transmitiría la confianza de que la bebida estaría igual de limpia (o no) para todos los que participan en el brindis.
Pero en esto del bebercio– como en el comercio- existe una versión más romántica que trata de explicar la bárbara costumbre del "impacto cristalino" diciendo que el "chin-chin" tendría como fin lograr que el único de los cinco sentidos que no participa en el trasiego alcohólico (que se ve, se huele, se degusta, se paladea, pero no se oye) también participe en tan solemne evento…
¡Qué enternecedor, coño, voy a llorar!
Bueno, pues lo dicho, que le den al Todorov y al Goya, y brindo con vosotros por un nuevo año lleno de amor, paz, alegría y todas esas mentiras que se dicen por estas fechas.
¡¡¡ Bring dir´s!!!
¡¡¡ Bring dir´s!!!
PD1: No digáis que no os proporciono unos espectaculares conocimientos para que podáis exhibiros con soltura frente a vuestra cuñada, suegra y demás fauna en la cena de Nochevieja…
De nada.
De nada.
PD2: He leído mi horóscopo para el año que viene: En cuestiones de salud, los astros me sonríen; en cuestiones de dinero, los astros me sonríen; y en cuanto al sexo, qué queréis que os diga, malévolos blogueros: Los astros se descojonan…
¡Mecagüen…!
¡Mecagüen…!