No, aunque pueda parecerlo por el título de la entrada, hoy no voy a hablar del strep-tease que protagonicé en la última cena de empresa.Me refiero a esa otra vergüenza que Ruth Benedict define como un sentimiento de culpa motivado por el desarreglo de los valores interiores del individuo, y que- para otros autores como Kant-, no brota de la propia persona sino que es una emoción heterónoma, es decir, un reconocimiento de la valoración negativa que otros pueden tener sobre nosotros .
En fin, que vuestra sagacidad ya habrá deducido que me refiero a eso tan prosaico que Darwin –absteniéndose de flipadas filosóficas- constataba como un estado de rubor facial, confusión de la mente, vista caída, sensación de calor, postura descolocada y cabeza baja.
Y todo por culpa del blog. Bueno, por culpa del blog y de mi hijo pequeño, que días atrás, me sorprendió elaborando una entrada para elsubmarino:
-Papá,- me dijo muy serio. ¿Tienes alguna idea de las personas que leen tu blog?,
-Claro, le respondí .Mira, ayer me leyeron 3 comentaristas y anteayer dos, y el otro día…
Puso la misma cara que la que se pondría viendo un dinosaurio para, acto seguido, teclear sobre el portátil y exclamar:
-¡Hala, ya tienes un contador de visitas, que no te enteras de la fiesta!
Y eso fue el principio del fin, queridos blogueros, porque- así, sin anestesia-, desperté del atolondramiento, bajé de la inopia, me sacudí la modorra, caí del guindo, y comprobé horrorizado que esta humilde bitácora había acumulado la sobrecogedora cifra de ¡35.500 visitas! Ítem más, una entrada como la de ayer, con tan solo dos comentarios, había sido abierta casi 200 veces. (¡Otros blogs amigos multiplican por diez estas cifras!)
Y podéis comprender, estimados blogueros, la angustia y la vergüenza que me provoca el pensar que todo el sinfín de estupideces acumuladas a lo largo de estos meses, han sido analizadas por muchas más personas que los 4 ó 5 comentaristas habituales en los que yo pienso cuando escribo.
Y me parece inverosímil que en el ciberespacio haya tamaña cantidad de “voyeurs” que, desde el anonimato, escudriñan las vidas de los demás sin decir palabra (Tal vez por vergüenza ajena)
Confío en que todo sea una estratagema de Blogger para motivar a los cibernautas hinchando aleatoriamente el número real de visitas. Aunque no creo que esta sea la política correcta, ya que , desde ahora, el solo vistazo al contador tendrá para mí un efecto disuasorio , pensando que los habituales desahogos de este blog, pergeñados en tono de chanza, podrían llegar a mis colegas, mis clientes, mis amigos, mis vecinos ,mi padre o –peor aún- a una pléyade de anónimos espías del ciberespacio.
¡Tierra, trágame!
¡¡¡Y tú, niño, por poner contadores donde no te mandan, castigado hoy sin postre, leñe!!!