
Como todos los años por estas fechas navideñas, una entidad bancaria de Oviedo organiza una carrera popular cuyo fin es recaudar fondos para edificar una escuela en Mozambique, y en ella- como reclamo publicitario-, siempre participa el campeón asturiano de Fórmula I Fernando Alonso.
Siendo yo una persona muy receptiva a la solidaridad entre los pueblos y muy sensible a los temas humanitarios... apunté a mi hermano para que fuera a correr en representación de la familia. Pero cuando le fui a entregar las credenciales, me dijo que lo sentía, que él también tenía una cita para correr ese día (correrse una juerga con los amigos, claro). Después, muy fraternalmente, me sugirió que me metiera el dorsal allá por donde la espalda pierde su digno nombre.
Con este sombrío panorama, y por aquello de no desperdiciar el dineral que me había costado el ticket de salida ,3 euracos, (en la meva casa no se desaprofita res, la sogra es de Sabadell(*)), me armé de valor y –dada mi formación espartana- decidí que yo iría en persona a competir contra el correoso Fernando. Después de todo, nuestro campeón acababa de anunciar esa misma semana su separación matrimonial de Rosarito-Morfeo y yo deduje que eso influiría en su moral y en su rendimiento deportivo, y que, por tanto, sería una buena ocasión para batirle en buena lid.
Lleno de optimismo me coloqué en la parrilla de salida, un poco lejos, eso sí, de la pol position que – como no podía ser de otra forma- ostentaba el campeón. Pero yo no dejé nada al azar y , aprovechando el calentamiento, escondiéndome para que nadie me tachara de ventajista, me tomé dos Red Bull (je, je, dos Red Bull, ¿lo pillas?). No obstante, dado que caía una fina llovizna, cometí mi primer gran error en la elección de los neumáticos, ya que en vez de utilizar unas gomas de mojado y asegurar la tracción, me calcé las primeras zapatillas playeras que encontré por casa. No es de extrañar pues, que en la salida fuera perdiendo puestos de manera vertiginosa. Y si consideramos mi condición de hombre mariano, tranquilo, con motor diesel, ajeno a los acelerones bruscos, torero de faena larga y prolongada, bien comprenderéis que el arranque no me fue del todo favorable.
Y por eso, cuando me di cuenta, ya tenía a Fernandín a más de 300 metros de distancia.
Para más inri, me distraje como un novato con una rubia en minifalda que me jaleaba desde la acera, y entre eso y el orbayu casi hago un trompo en la esquina de Toreno.
Pero no me desanimé, saqué fuerzas de flaqueza, metí el kers, el nitroso, dos bollicaos y una magdalena que la jefa de equipo me había colocado en la bosa de la merienda, para, con renovados bríos, la frente alta y la glucosa por las nubes, retomar la persecución del Alonsín.
Pero ni con esas.
¡Coño, es que el Fernando, más que correr, parecía que estuviera huyendo de su ex-consorte!
En el último kilómetro, mi motor estaba más caliente que el tubo de escape del Apolo 13, el fuelle resoplaba como un gato en el patíbulo, no sentía las piernas, del pulsómetro salían tantas chispas que parecía el día de Nochevieja, y mi moral cayó definitivamente por los suelos en el momento en que tres barrigudos Hispania, disfrazados de papá Nöel, me pasaron como tiros…
En fin, que lo que no puede ser, no puede ser, y además, es imposible.
Más gachu y triste que el Alguersuari llegué al motor-home y durante la cena me quejé amargamente a la Jefa de equipo, y exigí que el año que viene la casa hiciera algo para aumentar nuestro rendimiento y hacernos más competitivos
Ella me miró con escepticismo y me cantó las cuarenta:
-Lo primero que tienes que hacer es poner al Marlboro de patrocinador en la camiseta y no fumártelo. Y del carburante Heineken, mejor ni hablamos…Además, tendrías que mejorar tu nefasta aerodinámica reduciendo el volumen del michelín delantero y aligerando el peso del trasero-alerón…
¡Y me lo dice en plena temporada de mazapaneshhh y polvoroneshhh!
¡Mecagüen…!
Bueno, todo sea por los niños de Mozambique.
(*)En mi casa no se tira nada, mi suegra es de Sabadell.
Siendo yo una persona muy receptiva a la solidaridad entre los pueblos y muy sensible a los temas humanitarios... apunté a mi hermano para que fuera a correr en representación de la familia. Pero cuando le fui a entregar las credenciales, me dijo que lo sentía, que él también tenía una cita para correr ese día (correrse una juerga con los amigos, claro). Después, muy fraternalmente, me sugirió que me metiera el dorsal allá por donde la espalda pierde su digno nombre.
Con este sombrío panorama, y por aquello de no desperdiciar el dineral que me había costado el ticket de salida ,3 euracos, (en la meva casa no se desaprofita res, la sogra es de Sabadell(*)), me armé de valor y –dada mi formación espartana- decidí que yo iría en persona a competir contra el correoso Fernando. Después de todo, nuestro campeón acababa de anunciar esa misma semana su separación matrimonial de Rosarito-Morfeo y yo deduje que eso influiría en su moral y en su rendimiento deportivo, y que, por tanto, sería una buena ocasión para batirle en buena lid.
Lleno de optimismo me coloqué en la parrilla de salida, un poco lejos, eso sí, de la pol position que – como no podía ser de otra forma- ostentaba el campeón. Pero yo no dejé nada al azar y , aprovechando el calentamiento, escondiéndome para que nadie me tachara de ventajista, me tomé dos Red Bull (je, je, dos Red Bull, ¿lo pillas?). No obstante, dado que caía una fina llovizna, cometí mi primer gran error en la elección de los neumáticos, ya que en vez de utilizar unas gomas de mojado y asegurar la tracción, me calcé las primeras zapatillas playeras que encontré por casa. No es de extrañar pues, que en la salida fuera perdiendo puestos de manera vertiginosa. Y si consideramos mi condición de hombre mariano, tranquilo, con motor diesel, ajeno a los acelerones bruscos, torero de faena larga y prolongada, bien comprenderéis que el arranque no me fue del todo favorable.
Y por eso, cuando me di cuenta, ya tenía a Fernandín a más de 300 metros de distancia.
Para más inri, me distraje como un novato con una rubia en minifalda que me jaleaba desde la acera, y entre eso y el orbayu casi hago un trompo en la esquina de Toreno.
Pero no me desanimé, saqué fuerzas de flaqueza, metí el kers, el nitroso, dos bollicaos y una magdalena que la jefa de equipo me había colocado en la bosa de la merienda, para, con renovados bríos, la frente alta y la glucosa por las nubes, retomar la persecución del Alonsín.
Pero ni con esas.
¡Coño, es que el Fernando, más que correr, parecía que estuviera huyendo de su ex-consorte!
En el último kilómetro, mi motor estaba más caliente que el tubo de escape del Apolo 13, el fuelle resoplaba como un gato en el patíbulo, no sentía las piernas, del pulsómetro salían tantas chispas que parecía el día de Nochevieja, y mi moral cayó definitivamente por los suelos en el momento en que tres barrigudos Hispania, disfrazados de papá Nöel, me pasaron como tiros…
En fin, que lo que no puede ser, no puede ser, y además, es imposible.
Más gachu y triste que el Alguersuari llegué al motor-home y durante la cena me quejé amargamente a la Jefa de equipo, y exigí que el año que viene la casa hiciera algo para aumentar nuestro rendimiento y hacernos más competitivos
Ella me miró con escepticismo y me cantó las cuarenta:
-Lo primero que tienes que hacer es poner al Marlboro de patrocinador en la camiseta y no fumártelo. Y del carburante Heineken, mejor ni hablamos…Además, tendrías que mejorar tu nefasta aerodinámica reduciendo el volumen del michelín delantero y aligerando el peso del trasero-alerón…
¡Y me lo dice en plena temporada de mazapaneshhh y polvoroneshhh!
¡Mecagüen…!
Bueno, todo sea por los niños de Mozambique.
(*)En mi casa no se tira nada, mi suegra es de Sabadell.