Le aseguro, estimada Brunisolda, que mis propósitos de seriedad en este submarino son sinceros, pero, sin querer, espontáneamente, a lo tonto, me brota la vena bobalicona, se me va el santo al cielo, me asalta una irreprimible necesidad de chanza súbita, de chirigota inopinada, de cuchufleta irreverente, de mamonada cutre, de guasa irreprimible… Porque nada me aterra más que asomarme a ese negro abismo en el que los humanos contemplan la propia existencia como si de un inamovible paradigma se tratara.La rutina laboral me exige una circunspección absoluta, una precisión exhaustiva, una manipulación delicada, una planificación certera, una concentración rigurosa, y tengo prohibido expresamente que nadie (ni nada) me distraiga en el sagrado altar de las obligaciones profesionales. Pero paso muchas horas en el trabajo (“afortunadamente”) y la tensión, como si de una enfermedad insidiosa se tratara, se acumula en el cerebro hasta convertirlo en una olla a presión.
Por todo ello, ¿no es lícito un poco de irreflexión?, ¿no es permisible un ápice de locura, un atisbo de atolondramiento, una pizca de ligereza?
Y después de todo, volviendo a la entrada motivo del litigio, ¿no nos comportamos en cierta forma como las hormigas? (Exceptuando la vagancia del macho, claro) ¿No creemos-y creamos, como ellas- esquemas sociales, leyendas y religiones para intentar escapar de lo que desconocemos? ¿No somos también súbditos de reinas con nariz operada?
Todo el día trabajando, rodeados por ese opresivo halo de seres responsables, individuos laboriosos y productivos, modelos intachables, entelequias sesudas y cabales con horario de 10 a 2 y de 4 a 8 ¿No nos merecemos una desconexión liberadora? ¿No necesitamos que el destino nos depare una rendija por donde escabullirnos?
¿No constituye lo surrealista, lo irónico, lo abstruso, lo humorístico, una magnífica forma de huir hacia delante, de intentar obviar nuestras cadenas?
Porque creo firmemente que no tomarse demasiado en serio es una herramienta muy útil para tratar de conocerse.
Aunque la mayoría de las veces sea en vano.
Beso su mano, princesa.
Y si se tercia, su codo y su hombro.
¿No constituye lo surrealista, lo irónico, lo abstruso, lo humorístico, una magnífica forma de huir hacia delante, de intentar obviar nuestras cadenas?
Porque creo firmemente que no tomarse demasiado en serio es una herramienta muy útil para tratar de conocerse.
Aunque la mayoría de las veces sea en vano.
Beso su mano, princesa.
Y si se tercia, su codo y su hombro.



