Estimado amigo:Podría hablarte de los guanajatabeyes y su cultura mesolítica; de los 300 de Diego de Velázquez y cómo quemaron vivo al cacique Hatuey en Bayamo; de los criollos y su sincretismo hispano-esclavista; de los corsarios, bucaneros y filibusteros del siglo XVIII; de Martí, héroe nacional, de Maceo, de Batista y de los Barbudos; de la misteriosa salida de la isla del Ché en marzo de 1965, 8 meses antes de que se constituyera el Comité Central del nuevo PC de Cuba.
También podría hablarte de la Santería, los orishas, los oráculos y las sobrecogedoras sensaciones que experimenté al contemplar cómo se entierran gallinas vivas a orillas del río Almendares; del ron, de la quema de campos previa a la recolección de la caña de azúcar; del tabaco, “esa hoja india, consuelo de meditabundos, delicia de soñadores arquitectos del aire, seno repleto de fragancia de ópalo alado”; de los estilos arquitectónicos de la ciudad de la Habana y de su amarga decadencia.
Podría también hablarte de la pintura guajira; de la poesía afrocubana de Nicolás Guillén; de los alegatos contra la esclavitud del prusiano Von Humboldt en 1800; del “Proust del Caribe”, el poeta José Lezama; de la nostalgia del escritor Reinaldo Arenas; de las chicas de Zoé Valdés y su erotismo “a la cubana”; de las andanzas del autor de “El viejo y el mar” en Cojímar, de La Bodeguita del Medio, del hotel “Ambos Mundos”….
Pero solo te hablaré de una cosa:
“Hemingway´s Special”:
2 cl. de ron, una cucharada de zumo de pomelo, el zumo de medio limón, una cucharada de marrasquino y hielo picado. Mezclar.
Y después de agitarlo bien, haz como los cubanos: Escucha un poco de “salsa”, bébetelo y no preguntes nada más.