martes, 22 de julio de 2008

Sueños hoteleros

Me parece razonable que, dado las elevadas tarifas que aplica, la industria hotelera se interese por la comodidad de sus clientes. Bajo esta adecuada filosofía del negocio, me han informado que existe en Nueva York un establecimiento preocupado porque sus usuarios disfruten de un agradable descanso. Admitidos- por habituales- los clásicos detalles de la carta de almohadas, el antifaz, los tapones para los oídos y la chocolatina sobre la mesilla de noche, en este hotel ,-buscando la excelencia- indagan sobre las preferencias del cliente sobre música, temperatura de la estancia e incluso sobre si al usuario le gusta dormir abrazado a un osito de peluche. Asimismo, ofrecen opciones tales como recibir, antes de acostarse, una clase de yoga en la misma habitación o 15 minutos de masaje anti-estrés.
Cuando vaya a ese hotel, (The Benjamin), preguntaré si tienen disponible una Jolie que me proporcione un masaje relajante y que además me cuente un cuento antes de dormir y me dé un besito de buenas noches.
En caso afirmativo, creo que, por una vez, podré prescindir del osito…

lunes, 21 de julio de 2008

Tristán e Isolda

Este año asistí en el Campoamor a esa fantástica (y larga, más de 5 horas) ópera Wagneriana. Un detalle novedoso, (nunca lo había contemplado con anterioridad), fue la presencia de dos jóvenes y apuestos actores (chico y chica), representando la acción en el centro del escenario, a la vez que los cantantes , tras un atril, los secundaban en ambas esquinas del mismo, acompañando con sus voces el desarrollo de la historia.
Supongo que la finalidad de esta primicia escenográfica estará encaminada a conseguir una mayor credibilidad del drama amoroso que la mayor parte de estas obras líricas incorporan.
Y es que, seamos realistas, en algunas óperas se alcanza un plus de dramatismo cuando, la protagonista, dirigiéndose a su “partenaire” declama aquello de: “Desearía tanto que apoyases tu cabeza contra mi pecho…”, y claro, una lágrima furtiva resbala por la mejilla de la diva al revisar de reojo el inconmensurable perímetro abdominal de su amado pretendiente, comprendiendo, en ese instante. la imposibilidad de que sus deseos vean buen fin.
Pero quizás el momento álgido del drama acontece cuando el tenor, pura pasión, grita aquello de: “A mis brazos, gacela mía…”. Y en ese momento de duda, mientras la amada desconfía de la sinceridad de ese ardor y medita la respuesta, los espectadores podemos observar como el tenor abre exageradamente los brazos, adelanta su pie izquierdo mientras que retrasa el derecho, tanteando el terreno con ambos y asegurándose sin duda una mayor base de sustentación a la vista de los 200 kilos de soprano que, tras grácil carrerilla, se dirige hacia él. Y repite (canta), lo de “A mis brazos gacela mía, no lo dudes…”, pero claro, se nota que esta segunda vez lo dice con la boca más pequeña y que, ante lo inevitable, se abre más aun de brazos y piernas y, por supuesto, cierra los ojos, aunque esto último,- todos lo entendemos-, es por la adelantada emoción del carnal contacto.
Supongo que por ahí van los tiros de la innovadora escenografía que contemplamos este año.

domingo, 20 de julio de 2008

Inmaculada inspiración

Estimado Pipo:
Existe, en algún rincón del sótano de mi casa, un relato casi olvidado que habla del “Restaurante Ilusiones”. En él, se describe un local de moda,-anunciado profusamente como modelo de nuevas tecnologías, diseño vanguardista y audacia en los planteamientos-, y se narra cómo es visitado por primera vez por un hombre de mediana edad, que sumido en una crisis existencial, busca desesperadamente nuevos estímulos que contribuyan a apuntalar su aburrimiento. Aunque deslumbrado por el mobiliario y las suculentas especialidades de la carta, transcurridos cuarenta minutos, comienza a sospechar que,- al menos en cuanto al servicio-, el restaurante no es un dechado de virtudes. Tras releer incontables veces los sofisticados menús, con la boca hecha agua, nuestro hombre ve por fin acercarse al camarero, que con una radiante sonrisa le dice: “Espero que la cena haya sido de su agrado y que el restaurante haya cubierto todas sus expectativas. Deseamos volver a verle pronto”.
Y similar perplejidad, estimado Pipo, experimenté yo a la recepción de ese tu correo titulado:”Quiero perseverar en mis defectos: ése soy yo” y cuyo contenido se limita a una extraordinaria e impactante página en blanco. Y es que la extensión del enunciado prometido, creo yo, empequeñece la importancia del asunto desarrollado a continuación. Y, claro, estas situaciones desencadenan un cúmulo de suposiciones irresolubles y conjeturas angustiosas.
Bien es verdad, que, inmerso como te hallas en el desarrollo de una gélida historia, fiel a tu profesionalidad, tal vez el texto se encuentre sepultado bajo la nieve o el hielo, y eso sea la causa que impida su adecuada interpretación. O tal vez, por ese viejo paradigma literario que aconseja “sugerir en vez de mostrar”, te hayas propuesto dejar página, puerta y destinatario abiertos a multitud de elucubraciones.
Por otro lado, buscando una explicación convincente, me he retrotraído a los manuales literarios y recordado lo imprescindible que resulta eliminar de la narración cosas superfluas que en nada contribuyan al desarrollo de la acción. Pero, ¡coño Pipo!, esta vez te has pasado con la “poda”, has reducido el contenido a simple virtualidad, a inmaculada esencia, a etéreo atributo, a blanco sudario de ignoto significado, a pálido reflejo de tu inquietud creadora, a vacua mortaja de reflexiones insondables…
Si al menos hubieses puesto: “Tngo prisa, Bss, P.”, no hubiera yo especulado con tu virginal correo, ni hubiera filosofado sobre la futilidad de la existencia, sobre el abismo de la nada, sobre la página en blanco, sobre la nieve, sobre los escritores, sobre el Restaurante Ilusiones…
Saludos cordiales,
Tordon

sábado, 19 de julio de 2008

Distracciones

Cuando entro en el gabinete y me enfundo los guantes de látex, nada ni nadie distrae mi atención en el instante en el que me dispongo a oficiar, cual sumo sacerdote, el sagrado ceremonial en el altar de la boca de mis pacientes. (Permítaseme la irreverente analogía)
Sin embargo, una vez finalizada la intervención, mientras el personal auxiliar prepara el instrumental para la siguiente actuación, existe un tiempo muerto que muchos de mis colegas aprovechan para realizar llamadas telefónicas, tomarse un café, fumarse un cigarrillo o echarle los tejos a la enfermera.
Y mira tú por dónde, querido creador de Blogger, estás contribuyendo -sin saberlo- a la moderación en el consumo telefónico, a la abstinencia cafeínica, a la efectividad de la campaña antitabaco y a la sana moral y las buenas costumbres en las clínicas odontológicas.

viernes, 18 de julio de 2008

Soledad


Lucas de Clapiers, uno de los padres del nihilismo, decía :

"La soledad es al espíritu lo que la dieta al cuerpo: Mortal, si resulta demasiado larga, pero necesaria"

Amén.

El Llanero Solitario

Ayer, debido a una extraña conjunción astral, me encontré absolutamente solo en casa. Y eso, habitual para muchos, en mi caso, padre (e hijo) de familia numerosa, constituye una situación que podríamos calificar de verdadera “singularidad”. Así pues, me quedé más solo que la una y -por lo inesperado del escenario- no sabía muy bien qué hacer en ese glorioso momento que siempre había yo imaginado como la culminación de una soñada utopía.
Traté de animarme evocando a Eurípides y su consejo de”remar en el propio barco” y me afané con múltiples ocupaciones atrasadas, si bien no acabé de cogerle el punto al timón, la lancha cabeceaba demasiado a pesar del poco viento, la calma chicha y el nulo ruido.
Más tarde, pusilánime, me asusté recordando que la soledad es tan peligrosa que si permaneces mucho tiempo en ella tiendes a poblar el espíritu de fantasmas. Para ahuyentarlos, leí ciencia, poesía, novela y hasta el periódico con su correspondiente suplemento dos veces; comí, bebí paseé, salté, dormí, preparé un curso, dos conferencias, la contabilidad del último trimestre, estudié inglés, revisé el correo y cuando estaba a punto de iniciarme en el encaje de bolillos recordé a Víctor Hugo que aseguraba que la vida es imposible en soledad y que se necesita más de una persona para arrastrarla. La reflexión despejó mi horizonte y,- a la hora de la cena, más calmado-, me marché al Caribe .En ese entorno, logré por fin que hasta parecieran divertidas las aventuras de los tuertos de la pata de palo.

jueves, 17 de julio de 2008

Fidelidad

Yo estaba muy feliz. Mi novia y yo habíamos decidido casarnos. Mis padres nos ayudaron muchísimo, mis amigos me apoyaban. Y mi novia era un sueño. Solo había una cosa que me intranquilizaba mucho, y era la mejor amiga de mi novia. Era inteligente y sexy, y a veces flirteaba conmigo, y esto me consternaba. Un día, la amiga de mi novia me llamó por teléfono y me pidió que fuera a ayudarle con la lista de invitados a la boda. Así que fui para allá. Ella estaba sola, y cuando llegué, me susurró que, ya que me iba a casar con su mejor amiga, y teniendo en cuenta que ella tenía ciertos deseos hacia mi persona, y que ya no podía aguantarse más, antes de que me casara y comprometiera mi vida con su mejor amiga, quería hacer conmigo el amor una sola vez. ¿Qué podía decir yo? Estaba totalmente sorprendido y no pude articular palabra. Así que me dijo:
-Iré a mi cuarto, y si tú lo deseas, entra y me tendrás.
Admiré su maravilloso trasero meciéndose al subir por las escaleras. Me levanté del sillón y estuve así, de pie, por un momento. Me di la vuelta y fui a la puerta principal, la abrí y salí a la calle, dirigiéndome a mi coche. ¿Y quien creéis que estaba allí? ¡Mi novia, esperándome! Con lágrimas en los ojos me abrazó y me dijo:
-Estoy muy feliz y orgullosa de ti. Has pasado mi pequeña prueba. No podría tener a un mejor hombre como marido.

Moraleja: Deja siempre tus condones en el coche