
Resulta increíble, pero hasta hace pocos días no había caído en la cuenta de lo mucho que nos parecemos Fernando Alonso y yo: Los dos nacimos en la capital del Principado, estudiamos (poco) en el Instituto, bebemos escasa sidra y somos seguidores del Real Oviedo y del Madrid.
Ambos somos guapos (ejem), jóvenes (ejem, ejem), trabajadores, responsables, sencillos, bajos, tímidos, con nervios de acero, piernas robustas, trasero respingón y cuello corto.
Los dos conducimos vehículos rojos de cuatro ruedas, aunque el suyo lleva pintado un caballito en la puerta.
Él es especialista en salidas, y yo, aunque salgo poco, se me da bastante bien.
Podríamos decir que este muchacho es un fenómeno a la hora de controlar las incursiones en el pit-lane, pero ¡teníais que verme a mí luchando en la cola de la ITV!
Por si fuera poco, los dos mantenemos una estrecha relación con el Banco de Santander: Él con el departamento de marketing y yo con el de domiciliación de recibos de luz y agua.
Pero nuestras similitudes alcanzan incluso aspectos más personales:
Porque así como él eligió para compartir su vida una mujer que canta, a mí me pasa tres cuartos de lo mismo: Mi señora –día sí y otro también-no para de cantarme las cuarenta.
De igual forma, yo soy un poco dormilón, pero él se pasa el día en brazos de la de Morfeo...
Ambos somos guapos (ejem), jóvenes (ejem, ejem), trabajadores, responsables, sencillos, bajos, tímidos, con nervios de acero, piernas robustas, trasero respingón y cuello corto.
Los dos conducimos vehículos rojos de cuatro ruedas, aunque el suyo lleva pintado un caballito en la puerta.
Él es especialista en salidas, y yo, aunque salgo poco, se me da bastante bien.
Podríamos decir que este muchacho es un fenómeno a la hora de controlar las incursiones en el pit-lane, pero ¡teníais que verme a mí luchando en la cola de la ITV!
Por si fuera poco, los dos mantenemos una estrecha relación con el Banco de Santander: Él con el departamento de marketing y yo con el de domiciliación de recibos de luz y agua.
Pero nuestras similitudes alcanzan incluso aspectos más personales:
Porque así como él eligió para compartir su vida una mujer que canta, a mí me pasa tres cuartos de lo mismo: Mi señora –día sí y otro también-no para de cantarme las cuarenta.
De igual forma, yo soy un poco dormilón, pero él se pasa el día en brazos de la de Morfeo...
Además, últimamente, le da por saltarse semáforos rojos y yo, -metafóricamente hablando- hago lo mismo en el submarino
¿Os dais cuenta? ¡Somos idénticos, exactos, clavaditos!
¿Alguien encuentra alguna diferencia?
Vaya, hombre, ya salió el listillo de turno a mencionar el asqueroso dinero




