miércoles, 10 de diciembre de 2008

El Bien, la Verdad, y mi empanada mental (2)


-Esto no sucedía en mi época,- dice cabreado Voltaire.
¡Claro, para él, todo resultaba sencillo!. Sus disyuntivas discurrían entre el conocimiento del hombre y las competencias de la religión: “La ciencia es una, mientras que las religiones son múltiples”
Y yo,- con todos los respetos y salvando las distancias-, estoy de acuerdo con él: No conozco ninguna secta de trigonometristas, ni de genetistas, ni de algebraicos, ni de cuánticos, por citar algunos ejemplos extraídos del mundo científico.
Más joven que el anterior, Hume, utilizando un símil astronómico, dice que el sol jamás se movería de su sitio aunque todo el género humano decidiera que así fuera.
-”La verdad no depende del voto”,-asegura
Por otro lado,D´Alembert, hijo no reconocido de un general francés, tuvo la sabiduría de fichar a un jovenzuelo de 16 años llamado Marijuanantonionicolás de Caritat que,-¡espabilado que era!- , llegó a filósofo, matemático y político en la Francia revolucionaria. Más tarde sería conocido por el título que heredó de su familia: “Marqués de Condorcet”. Su opinión también resulta interesante: “Defender la libertad del individuo implica distinguir entre hecho e interpretación, ciencia y opinión, verdad e ideología”.
Todorov, que ya va por el segundo café, insiste que “el bien pertenece al ámbito de la voluntad y se materializa en la acción política, mientras que la verdad pertenece al ámbito del conocimiento y asienta en la ciencia”.
Condorcet, - a estas alturas ya se ha tomado tres chupitos-, insiste en que “el poder público no debe enseñar sus opciones haciéndolas pasar por verdades…y no tiene derecho a decidir dónde reside la verdad ni donde está el error…No corresponde al pueblo pronunciarse sobre lo que es verdad o mentira, ni al parlamento deliberar sobre el significado de los hechos históricos del pasado, ni al gobierno decidir lo que debe enseñarse en la escuela”.
Yo le digo que por favor hable bajo, no sea que esté escuchando algún amigo del gobierno y nos caiga a todos un “paquete”…

Pero él insiste:”La verdad está por encima de las leyes”.

martes, 9 de diciembre de 2008

El Bien, la Verdad, y mi empanada mental (1)

Estoy asustado.
Tengo dudas de mis propias convicciones.
Permitidme, estimados blogueros, que os explique el problema: Hace pocos meses, han aparecido en mi tribu unos individuos que se dedican a asaltar las chozas y que en ocasiones matan a sus ocupantes. El Consejo de Ancianos del pueblo (elegido democráticamente), va a someter a votación una ley para que el verdugo detenga y decapite a estos indeseables. Yo tengo hijos, y mi corazón suscribiría sin reservas las medidas que este poder- legalmente establecido- me propone. Pero conozco, de igual manera, que nadie debería disponer de la vida de los demás, que ése es un derecho inalienable de la persona. En suma, que no sé si debe primar en mi decisión el bien común de la tribu o la verdad.
Y me tiembla la papeleta en la mano.
¡Demonios, no sé qué hacer!
El conflicto viene desde antiguo, pero no desde siempre: Cuando hace tres centenares de años, Dios o el Rey Absoluto representaban la confluencia del bien y la verdad, los ciudadanos (creyentes, súbditos) no tenían ningún problema a la hora de tomar sus decisiones. Pero los tiempos han cambiado y las cosas ya no son tan sencillas…
Y aquí me encuentro, queridos blogueros, indagando entre amigos y conocidos a fin de conseguir una adecuada certeza, un consejo que alivie mi pesar, algo que serene mi angustia. Pero escucho en una y otra parte, y nada de lo que oigo me aclara mucho las cosas.
Mi admirado Unamuno me explica que “la razón es aquello en que estamos todos de acuerdo. La verdad es otra cosa. La razón es social; la verdad, individual”.
Agradezco al bilbaíno sus palabras, pero -por si en sus reflexiones existiera un componente temporal-, acudo al reciente Premio Príncipe de Asturias, el búlgaro Todorov, que me habla de la necesidad de establecer dos tipos de discursos: “el que tiene por objeto promover el bien, y el que aspira a establecer la verdad”.
La cosa se complica para mí, un humilde grumete bajo un grifo, un marinero de toscas entendederas, y no tengo todavía respuestas. Si acaso, -“sensu contrario”-, mis dudas están alcanzando la profundidad del submarino.

-Esto no sucedía en mi época,- dice cabreado Voltaire.

domingo, 7 de diciembre de 2008

Sexy

Según una reciente encuesta realizada por la revista “Playboy” a las empresarias italianas, los hombres más “sexys”,- en orden decreciente a la fascinación que despiertan-, serían:
1º Berlusconi …!
2º Obama …!
3º Sarkozy …!
4º Zapatero …!!
5º Putin …!!
6ºHugoChávez … !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

A la vista de este impresionante ranking, el protocolo recomendado a los seguidores masculinos de este blog, quedaría conformado como sigue:

1.-Pedir directamente el alta en la mafia siciliana.
2.-No leer (mirar) más el “Playboy”.
3.-Olvidarse de los escarceos amorosos con las empresarias italianas.
4.-En su defecto, recordarles que existe en el mercado un artefacto muy útil denominado "gafas".
5.- Cambiar el carnet del gimnasio por el de algún partido político.
6.-Dedicarse a la papiroflexia.
7.-Cortarse directamente las venas.

De nada, hermanos, no hay de qué.

sábado, 6 de diciembre de 2008

Cartas a Stalin

No es lo mismo fracasar que ser derrotado.
En esta sutil diferencia se basa el conflicto que el escritor soviético Mijail Bulgàkov mantiene con los dirigentes de la opresiva y castrante Revolución Rusa.
Esta entretenida obra, de Juan Mayorga, fue representada hace tan solo unas horas en el Teatro Filarmónica de Oviedo bajo la Dirección de Gemma de Luis.

“La lucha contra la censura, cualquiera que sea, y cualquiera que sea el poder que la detente, representa mi deber de escritor, así como la exigencia de una prensa libre. Soy un ferviente admirador de esa libertad y creo que si algún escritor intentara demostrar que la libertad no le es necesaria, se asemejaría a un pez que asegurara públicamente que el agua no le es imprescindible” (M. Bulgàkov)

También escuché esta tarde -cito de memoria- que el escritor que intenta ser leal, el que desea ser útil a una idea (partido, ideología, poder…) produce una literatura que se lee hoy y con la que mañana se envuelve la pastilla de jabón.

¡No importa,- contestará alguno desde el pesebre- ahora solo usamos jabón líquido!

Saludos
Tordon.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

Teoría del amor necesario.

Tras un ímprobo trabajo de campo, manejando un detallado muestreo surgido de sectores estadísticamente significativos de la población, (mi primo, mi suegra, cuatro amigos y el gato), he llegado a la irrefutable conclusión de que al mundo no lo mueve el “Amor”, sino la “necesidad de Amor”.
Los hombres, presumidos simios ilustrados, obviando su tenue pintura social, se vuelven altamente vulnerables al influjo imperativo de los instintos primarios; esos instintos que, en forma de impulsos, perviven incrustados en los genes desde tiempos ancestrales. Y estas retorcidas cadenas helicoidales, nos recuerdan, testarudas, día tras día, que sí, que aunque nos pese, necesitamos ser queridos.
Y si nos preguntamos para qué pelea un político, por qué ayuda a los necesitados una monja, por qué investiga un científico o para qué hace gracias un payaso, podemos contestar, sin temor a equivocarnos, que lo hacen simplemente para que les quieran, para obtener la aprobación, el afecto y el cariño de- respectivamente-, los ciudadanos, Dios, la doliente Humanidad o el público en general.
¿Para qué sufre una madre, lucha un empresario, se esfuerza un deportista, llora un niño, opera un cirujano, danza un bailarín, compone un poeta, canta una diva o trabaja un minero?
No tengo dudas: Para que les quieran.

Por cierto, ¿sabéis para qué escribo yo en este blog?
Sí, efectivamente, lo habéis adivinado.

martes, 2 de diciembre de 2008

Adiós, querida mía

Pensé que nunca llegaría este momento, pero la decisión es irrevocable. Fatal y brusca, intempestiva e inopinada, pero tiene que ser así… o no será nunca. Me duele, más no encuentro,- por más que busco-, otra alternativa: He decidido abandonarte, querida mía, mi niña, mi princesa, mi encanto, mi amada.
Y se arremolinan en la mente las imágenes de todas las personas que insistían en que no eras de fiar, que me apartase de ti, que tu compañía solo me acarrearía desgracias. Pero nunca- enganchado a ti como estaba- les hice caso.
Y, a pesar de todo, en este instante de aflicción, no puedo evitar la nostalgia del recuerdo de los buenos momentos que pasamos juntos. Y es que siempre,- fiel compañera-, te tuve a mi lado en los instantes gozosos; de la mano compartimos el lado amable de la vida, los soplos llenos de encanto, los éxtasis de lujuria, los chispazos de cariño, el loco derroche de mucha alegría y mucha juventud…
¿Recuerdas la noche de la foto? ¡Cuánta cercanía, cuanta complicidad…!
Siempre te comportaste- lo reconozco-como la mejor amiga, como el ansiolítico de los momentos difíciles, como la paz del guerrero… Tu compañía me proporcionó,- sin pedir nada a cambio-, un eficaz antídoto contra la depresión. Y tu silencio reflexivo, tu figura evanescente, tu contorno liviano, tu sosegada presencia, colmaron de un gozo sutil todos y cada uno de los instantes de mi azaroso vivir.
Recuerdo aún tus besos largos, profundos, estimulantes…
Mas ahora, debo esforzarme en apartar de mi mente todos aquellos buenos momentos, porque al fin,- nunca es tarde-, he comprendido que ya no me aportas nada, que me restas energía, que me estás matando lentamente…

Adiós para siempre, querida Nicotina, espero que los chicles de menta me ayuden a olvidarte…
Tordon

lunes, 1 de diciembre de 2008

El ladrón y las prótesis (2)

(A propósito de la entrada del viernes 28 de nov)


Pero la vida no acaba
en el punto final de lo escrito.
Y mi sonrisa se amarga,
imaginando su rostro
surcado bajo la sombra
herrumbrada de las rejas;
compartiendo con las ratas,
-encorvado entre blasfemias-,
los mendrugos carcelarios
y la angustia destructora,
que rezuma de las piezas
de su boca putrefacta,
de su infortunio obstinado:
Sin amor,
sin dientes,
sin libertad.

PD: Sí, me remuerde la conciencia.