Pensé que nunca llegaría este momento, pero la decisión es irrevocable. Fatal y brusca, intempestiva e inopinada, pero tiene que ser así… o no será nunca. Me duele, más no encuentro,- por más que busco-, otra alternativa: He decidido abandonarte, querida mía, mi niña, mi princesa, mi encanto, mi amada.Y se arremolinan en la mente las imágenes de todas las personas que insistían en que no eras de fiar, que me apartase de ti, que tu compañía solo me acarrearía desgracias. Pero nunca- enganchado a ti como estaba- les hice caso.
Y, a pesar de todo, en este instante de aflicción, no puedo evitar la nostalgia del recuerdo de los buenos momentos que pasamos juntos. Y es que siempre,- fiel compañera-, te tuve a mi lado en los instantes gozosos; de la mano compartimos el lado amable de la vida, los soplos llenos de encanto, los éxtasis de lujuria, los chispazos de cariño, el loco derroche de mucha alegría y mucha juventud…
¿Recuerdas la noche de la foto? ¡Cuánta cercanía, cuanta complicidad…!
Siempre te comportaste- lo reconozco-como la mejor amiga, como el ansiolítico de los momentos difíciles, como la paz del guerrero… Tu compañía me proporcionó,- sin pedir nada a cambio-, un eficaz antídoto contra la depresión. Y tu silencio reflexivo, tu figura evanescente, tu contorno liviano, tu sosegada presencia, colmaron de un gozo sutil todos y cada uno de los instantes de mi azaroso vivir.
Recuerdo aún tus besos largos, profundos, estimulantes…
Mas ahora, debo esforzarme en apartar de mi mente todos aquellos buenos momentos, porque al fin,- nunca es tarde-, he comprendido que ya no me aportas nada, que me restas energía, que me estás matando lentamente…
Adiós para siempre, querida Nicotina, espero que los chicles de menta me ayuden a olvidarte…
Tordon


