Imbuido en este ambiente tan excitante, este humilde grumete de submarino que suscribe, ha logrado- casi sin querer- un importante hallazgo que constituirá un hito en el mundo de la antropología.
Y lo he logrado de una manera muy simple, accidentalmente, a tontas y a locas, de rebote, tal y como suele suceder con todos los logros importantes de la humanidad.
Estaba yo arrellanado en el sofá de mi casa durante la sobremesa escuchando el ronroneo de las noticias del día. En un momento de lucidez, abrí uno de los ojos y comprendí que aquello por lo que tanto se habían devanado los sesos ilustres doctores de siglos pasados estaba ante mis ojos, nítido, convincente, irrefutable, y que desde ahora nada sería igual en esa compleja disciplina que estudia las etapas evolutivas del hombre, esas intrincadas teorías sobre las que tan sabiamente había especulado Darwin hace muchos años.
¡Por fin mis esfuerzos en el campo de la ciencia serán debidamente reconocidos y recompensados! ¡Por fin mi mente prodigiosa y analítica ha dado con esa entelequia escurridiza -y hasta ahora indemostrable- denominada “el eslabón perdido”!
¿No me creéis? Juzgad vosotros mismos:
Y es que no me parece mal que esta señora apure hasta lo inimaginable sus deseos de vivir, que no renuncie al amor a pesar de su provecta edad, o que, en definitiva, haga de su aristocrática capa un sayo populista. Es maravilloso y reconfortante que lo haga, pero lo que me parece patético es que nos lo cuente.
O peor aún, que nos lo cante y nos lo baile.
¿Qué virtudes de esta mujer habrán enamorado al funcionario Alfonso? Porque resulta notorio que la belleza y la agilidad en la danza flamenca no han sido. Tal vez –secretamente- este caballero es un apasionado de la arqueología y no ha sido capaz de resistirse ante reliquia tan primorosa.
Aunque, a fin de cuentas, nuestro compromiso moral nos obliga a creer que el motivo de su fogoso arrebato ha sido la irresistible belleza interior que esta noble señora atesora.
¡Ya me gustaría a mí mismo ser poseedor de tan seductora belleza para poder transportarla hacia mi interior!
Más concretamente hacia el interior de mi chaqueta, cerca del corazón, al lado de la cartera.
PD: He tenido que instaurar la moderación de comentarios, no sea que a la aludida le de por enviarme una misiva acordándose de todos mis muertos.
O peor aún, que se le antoje invitarme a bailar...
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