Lamento amargaros la “reentrée”, estimados blogueros, sobre todo a aquellos que pensaban que el palizas del submarino se había evaporado entre la sofocante canícula, que su cháchara inconexa había sido arrastrada por las traicioneras bajamares del solsticio , que su cuerpo serrano había perecido vapuleado a causa de las temibles tempestades del IBEX 35.Pues va a ser que no,- insidiosos entes cibernéticos-, a chincharse tocan, que aquí sigo, vivito, coleando , inasequible al desaliento , incólume ante el terrible azote de los valores bursátiles, reconfortado a la vista de la galera oficinal, más dispuesto que nunca a continuar suministrandoos vuestra dosis de murga cansina, de entrada soporífera, de elucubración disparatada y de desatino bloguero.
Y no penséis, malévolas criaturas hertzianas, que la causa de mi ausencia estival pueda atribuirse a la pereza provocada por los efluvios del astro rey sobre mi solitaria neurona, sino, bien al contrario, el estío se ha mostrado como un periodo de trabajo esforzado, un campo estéril que requirió labor constante, una gleba generadora de una irritante esclavitud en pantalón corto y chanclas.
Porque- ingenuo de mi- bien pensaba que aquella invitación “todo incluido”de mi editor a las cálidas tierras mejicanas obedecía a un inconfesado deseo de premiar mi labor abnegada, que era un merecido regalo por los innumerables esfuerzos en beneficio de la humanidad doliente, una justa dádiva derivada de mi contribución valiosa a que el susodicho adquiriera su Mercedes-Benz último modelo.
Porque todo resultó una engañifa y- el muy cretino- lejos de acompañarme a chapotear en las cálidas playas caribeñas de Veracruz, me tuvo de techo en techo, sudando la gota gorda, de conferencia en conferencia, de curso en curso, de auditorio en auditorio.
¡¡¡Mecagüen…!!!
En resumen, que libro y autor se agotaron, aunque al primero no le importó lo más mínimo.
Pero ya me conocéis, estimados colegas, y bien sabéis de mi estoicismo acerado, de mi impavidez ante la adversidad, de mi carácter espartano y de mi mala leche a prueba de toda bomba. Y que- optimista por naturaleza- intento sacar rendimiento a la miseria y provecho a la desolación.
Y entre clamato y tequila puede comprobar-¡absurdos nacionalistas!- que nada hay novedoso al otro lado del océano, que la especie humana- a poco que se raspe la pintura- se rige por los mismos códigos, que todo el mundo corre tras parecidos anhelos, que a muchos kilómetros de distancia las personas enarbolan similares banderas , que la cerveza sabe parecida en todos los sitios y que –tanto aquí como en Boca del Río- todos hacemos el mismo ridículo tratando de bailar esa sincrónica cawboyada del ”no rompas más mi pobre corazón…”
Y que todos, en mayor o menor medida, exhibimos un ego insufrible – cansino runrún- que nos induce a pregonar a los cuatro vientos nuestras soporíferas batallitas en un diabólico invento denominado “blog”.