sábado, 5 de marzo de 2011

Tordiñano

Gracias a vuestra sagacidad clarividente y a vuestra perspicacia sin límites, a estas alturas ya habréis deducido que la similitud entre el título de mi entrada de hoy y el apellido de un mediático cocinero vasco no es pura coincidencia, y que sólo es una disculpa para deleitaros con mis inigualables virtudes culinarias, con mi buen hacer en asuntos gastronómicos, con mi inusitada habilidad para desenvolverme entre ollas y fogones.

Lo malo de compartir impuestos y alcoba con una mujer profesionalmente muy cualificada –y Presidenta de una sociedad científica de ámbito nacional-, es que sus compromisos laborales propician que muchos días del año se encuentre ausente del nido familiar.
No obstante, siempre preocupada por mi supervivencia, se las arregla para hacer un paréntesis en su frenesí intelectual e interesarse por mi augusta persona.
Ayer me llamó por teléfono:
-Tordon, ¿dónde has ido a comer hoy?

Añadiendo un toque de dignidad herida a mis palabras, le contesté:

-Hoy no he ido a ningún sitio y me he hecho la comida yo solito.

Tras unos segundos de silencio-que yo atribuyo al estado catatónico que le indujeron mis palabras-me replicó:

-¿De veras? ¿Y qué has cocinado?
-Bueno, en realidad he elaborado un “arroz inmediato post-digestión” (*)
-¡No me digas!. ¿Y qué ingredientes has puesto?
-Bueno,…pues…agua…y...arroz… Se me olvidó echarle la sal, pero como comprenderás, con tamaña cantidad de componentes, se me fue el santo al cielo y uno no puede estar en todo…
- Mmmmm…suena delicioso -continuó ella ¿Y no has comido nada más?

Quizá estaba yo un poco susceptible, pero me pareció percibir en el “delicioso” un retintín de sarcasmo, y le contesté con la maldad que me caracteriza:

-No, además , de segundo, he preparado un “Pollo al viudo alegre” ¿Quieres que te diga los ingredientes?

Pero ella – lista como mi hambre- captó la indirecta y se apresuró en la despedida:

-…No, ya me los contarás otro día, que ahora tengo prisa. Nos vemos mañana. Un beso.

Pero he de añadir, queridos blogueros, que por mucho que tratemos de apagarla, la verdad es como una antorcha en medio de la niebla, y que a mi señora le salen mucho mejor los guisos que a mí, y no sé si será debido a su mayor formación "académico-culinaria" o simplemente a que los adereza con una dosis extra de cariño. Sea como fuere, y a pesar de que aun me duelen las muelas de masticar mi suculento “arroz inmediato”, lo cierto es que la quiero un montón y que la echo de menos, especialmente a la hora de comer.

Y que lo bueno de estar abundantemente servido y acostumbrado a los condimentos caseros, es que a uno no le entra la tentación de degustar exóticos e inciertos menús ajenos.

¡Coño, espero que ella piense lo mismo…!


(*) Denominación comprensible solo para los técnicos en alimentación.
.
.

lunes, 7 de febrero de 2011

"Chorizos" a la sidra

Cuando el oído percibe el susurro del Guadalquivir y un ojo descansa en la Mezquita de Córdoba y otro en las palabras de Antonio Damasio, además de correr el riesgo de volverse uno bizco, resulta imposible eludir el impulso de la introspección y de la toma de la conciencia del “sí mismo”.
Y eso me lleva a preguntarme de dónde proviene mi exacerbado interés en escudriñar los significados precisos de las palabras.
Y concluyo que la culpa de todo reside en una frase de mi amigo Wenceslao: “Una palabra incomprendida es, en una página, como un adoquín levantado en una calle”
Pero también soy consciente de que para la adquisición de un mínimo bagaje semántico (de andar por casa y por el blog), no se precisan grandes piruetas intelectuales ni dormir abrazado al Diccionario de RAE, y que, en ocasiones, resulta más que suficiente una lectura atenta del periódico nuestro de cada día:
PREVARICACIÓN: Cuando una autoridad o funcionario dictan una resolución arbitraria sabiendo de su injusticia
COHECHO: Cuando una autoridad o funcionario aceptan o solicitan un soborno
MALVERSACIÓN: Cuando una autoridad o funcionario sustrae-o consiente que otro lo haga-, dinero o bienes públicos
TRÁFICO DE INFLUENCIAS: Cuando una autoridad o funcionario se vale de su cargo para influir sobre otro empleado público o autoridad con el fin de obtener un beneficio económico para él o para terceras personas
FRAUDE Y EXACCIONES ILEGALES: Cuando una autoridad o funcionario se pone de acuerdo con los interesados en un contrato u otro tipo de actuación pública para adjudicárselo.
NEGOCIACIONES PROHIBIDAS A FUNCIONARIOS: Cuando una autoridad o funcionario utiliza su cargo para participar en alguno de los contratos o actuaciones que de él dependen.

Por todos y cada uno de esos primorosamente desglosados términos, se halla entre rejas el Consejero Socialista de Educación del Gobierno del Principado, el Sr. Riopedre. Tras los barrotes, le acompañan en la desdicha dos altas funcionarias socia-“listas” que se pasaron de ídem y funcionaron más de la cuenta en beneficio propio.
¡Y yo que pensaba que eso de la corrupción era patrimonio exclusivo de los valencianos trajeados de derechas!
Sin embargo, un amigo diputado me comenta que este individuo es un hombre austero, un sobrio ex-dominico reconvertido a comunista, un tipo al que si se le vuelca por los talones no le caería ni una moneda de 20 céntimos. Y es que todo parece indicar que la causa de sus trapicheos deriva del intento de ayuda financiera a la empresa de su hijo, una empresa deficitaria, marginal y de escasa facturación.
Y es este último dato el que me ha enternecido sumamente y me ha hecho recapacitar hasta el punto de preguntarme si –llegado el caso- no sería yo también capaz de estirar hasta el infinito la incierta goma de la legalidad para tratar de ayudar a mis hijos.
Porque yo - como la Esteban, lo reconozco- por mis hijos “MA-TO”
Así pues, y a pesar de la notable divergencia ideológica que me separa del imputado, deseo de corazón que este pobre hombre demuestre su inocencia y pueda abandonar la celda de Villabona para así retornar a su antigua celda de dominico de la que –visto lo visto- nunca debió salir.
O que- como mal menor- sea magnánimamente considerado el atenuante de “enajenación PATERNAL transitoria”, causa última del ofuscado proceder de este ascético septuagenario.

PD: Y para los despistados que no comprendan mi iconografía de hoy, les recuerdo que “chorizo” no es solo un “Pedazo corto de tripa lleno de carne, regularmente de puerco, picada y adobada, el cual se cura al humo” sino que también significa.” Ratero, descuidero, ladronzuelo”.


¡Mucho presumir de feisbu y de experiencia con las nuevas tecnologías y luego os liáis con las fotos de los embutidos!

¡Mecagüen…!

martes, 1 de febrero de 2011

¡ IMPOSIBLE !

La palabra “imposible solo existe en el diccionario de los cobardes”, aseguraba Napoleón.
Y queda claro -con el título de mi entrada de hoy- que yo no debo ser excesivamente valiente.
Pero no es la semántica el motivo de mis elucubraciones de hoy, sino contaros el devenir de una fructífera coincidencia: Estaba yo el otro día fumándome un cigarrillo en una zona autorizada -es decir, en la putten strassen- y me topé de bruces con Michio Kaku, un catedrático de física teórica con el que–ante la ausencia de nada mejor de lo que hablar-, me puse a cotillear sobre el futuro. ¿Podremos llegar a ser invisibles- le preguntaba yo- y viajar en el tiempo y teletransportarnos? ¿Se podrán mover objetos con la energía de nuestra mente? ¿Conseguiremos crear naves espaciales que alcancen una velocidad superior a la de la luz?
Mientras charlábamos, me acordé del prestigioso físico victoriano Lord Kelvin, que consideraba que el hecho de que volaran aparatos más pesados que el aire era una quimera, que los rayos X eran un fraude y que la radio no tenía futuro. Lord Rutherford, descubridor del núcleo del átomo, descartó la posibilidad de construir la bomba atómica diciendo que eran “pamplinas”. El propio Einstein escribió un artículo en 1939 en el que “demostraba” que nunca podrían formarse agujeros negros.
¿Podemos afirmar, pues, que determinadas tecnologías son imposibles y que tan sólo tienen sentido como recurso barato en las pelis de ciencia-ficción?
El honolable Kaku, armándose de paciencia, me clasificó los “actuales” imposibles en varios compartimentos:
Imposibilidades de tipo I: Lo constituyen las tecnologías que hoy en día son imposibles pero que no violan las leyes de la física conocidas. En este apartado se podrían incluir el teletransporte, los motores antimateria, ciertas formas de telepatía, la psicoquinesia y la invisibilidad.
Imposibilidades de tipo II: Son las tecnologías situadas en el límite de nuestra comprensión del mundo físico. Incluyen las máquinas el tiempo, los viajes en el hiperespacio y el viaje a través de los agujeros de gusano.
Imposibilidades de tipo III: Son tecnologías que violan las leyes de la física conocidas. Se podrían encuadrar en este apartado las máquinas de movimiento perpetuo y la precognición.

El señor Kaku me habló de otras muchas cosas, todas sugestivas, pero no despejó mi interrogante más angustioso: ¿Qué tipo de imposibilidad constituye mi relación con la Jolie?

Sea cual sea el resultado de esa terrible duda, lo que tengo claro con mi Angelina es que, o nos ponemos las pilas, o se nos va a pasar el arroz.

lunes, 24 de enero de 2011

I love "pinganillos"

Estoy feliz y contento. Y esto es así, porque me he demostrado a mi mismo que soy un ente dotado de gran capacidad de liderazgo, un emprendedor, un lúcido guía, un acuñador de ideas brillantes, un estadista.
Porque la primera cosa que he realizado como presidente de mi comunidad de vecinos, ha sido tomar la audaz decisión de contratar un sistema de traducción simultánea para que en nuestras reuniones, un vecino de San Feliú de Gixols y otro de Santiago de Compostela, puedan recibir el contenido de nuestras apasionantes deliberaciones en su lengua vernácula. Y de esa forma, sin darme importancia, por arte de birle birloque, he mutado una comunidad de vecinos de pandereta en otra mucho más tecnológica y culturalmente sensible como es la del pinganillo
Pero ya se sabe que los descontentos y los intolerantes proliferan por doquier ,y así, la vecina del 2º B se atrevió a echarme en cara si no sería mejor destinar tan cuantiosos fondos a arreglar las bombillas del descansillo o la insidiosa cerradura del portal, esa que siempre necesita de un solemne patadón para abrirse.
Sin embargo, sacando a relucir mi oratoria florida, así como mi locuacidad sin límites, les he hecho ver que nada hay más rentable que la inversión en cultura, ni nada tan gratificante como el amparo presupuestario para la idiosincrasia idiomática y el acervo cultural del prójimo.
La del 6ª A, cuya opinión tengo en alta estima, se despidió de mí sentenciando: “Un tipo como usted serviría para la alta política”. Sin embargo, me pareció percibir un sospechoso retintín en sus palabras, por lo que dudo seriamente de la sinceridad de las mismas.

En fin, que no hay peor sordo que el que no quiere oír, y que el famoso (y costoso) pinganillo constituye el más eficaz audífono para un pueblo que está como una tapia.

Especialmente cuando el que contrata el servicio no es el que paga la factura…

PD: Y ahora que lo pienso,... si desvío sibilinamente fondos comunitarios para desear a mi señora (que es catalana) las buenas noches con traducción simultánea..., ¿me pondrán pegas los iletrados de mi rellano?

¡Ay de mí, soy un incomprendido!
.

domingo, 16 de enero de 2011

Turismo de altura

Ya se sabe que para mitigar la angustia no hay nada mejor que distraer el intelecto, por lo que ayer –como hacía frío en la calle- cambié el fumeque por el cine y fui a ver “The Tourist”.
Una película bien armada, en la que la Jolie llena hasta el último recoveco del celuloide. Y resulta delicioso comprobar cómo a esta mujer le sientan igual de bien unos sencillos vaqueros que un rebuscado vestido de gala. Su voz, -por no hablar de otros atributos- melodiosa y seductora, arrulla al espectador desde el primer momento.
Sí, definitivamente la película me encantó.


Y si me preguntáis por el argumento, no estoy muy seguro, pero creo que la cosa iba de piratas, ya que me pareció ver al Capitán Sparrow por algún lado.

domingo, 9 de enero de 2011

¡Narcos al poder!

Hace unos días me contaron como cierta una historia que me ha dado mucho que pensar, pero como el que me la contó es un individuo ligeramente tendente a la fabulación, no sé si creerle o no. La historia es esta:

Nespiña, una ciudad ubicada en un remoto paraje, era una urbe tranquila y civilizada. Un buen día, uno de sus intrépidos habitantes salió de la región buscando nuevas tierras. A su vuelta, además de la sífilis, trajo consigo las hojas de una planta denominada Nicotinium Chutatum, planta que comenzó a inhalarse con fines rituales y euforizantes.
Un buen día, el señor Todopoderoso Estadio, el más listo del pueblo, se dio cuenta de la popularidad que adquirían dichas plantas y de la dependencia creciente que tenían los nespinareños (o nespiñoles) de tan reseca flora y, como despierto comerciante, decidió enrollar las hojas y comercializarles en paquetes de 20 unidades. El negocio iba viento en popa, y el Sr. Estadio, -al que muchos ya denominaban “Papá-Estadio”-, recaudaba al año más de 10.000 millones de európodos con las toses de sus convecinos. La gran fortuna y las habilidades políticas de nuestro astuto emprendedor lo elevaron al cargo de alcalde de Nespiña, pero llegó un día en el que –alertado por las autoridades sanitarias- no le quedó más remedio que prohibir el consumo público de las hojas que tan profusamente comercializaba, si bien nada dijo de renunciar a los suculentos beneficios que esas jugosas ventas le reportaban.
Ante actitud tan hipócrita, algunos conciudadanos quisieron colgarle de sus atributos en la plaza mayor del pueblo, pero en general, los nespinareños -sumisos por naturaleza- dieron por buena la jugada, miraron para el telediario (y para otro lado) y admitieron como normal que en vez de prohibir terminantemente la venta de un producto altamente tóxico y adictivo, se permitiera la venta de forma simultánea a la negación de su consumo.
Algunos insurrectos levantaron la voz, pero fueron rápidamente delatados y reprimidos por la brigada de la concejala de salud, una tal Leñe Mastín. El resto se dedicó a escribir en blogs.

No sé qué pensareis vosotros, estimados blogueros, pero creo que mi "amigo-cuentacuentos" exagera, ya que nunca existirá una ciudad de tan zapatéticas características.
Y tampoco sé qué haría yo ante esa incongruente situación, aunque, llegado el caso, supongo que abandonaría definitivamente el consumo de la puñetera Nicotinium, no sólo por motivos de salud, sino para darle en las narices a Papá-Estadio y evitar de esa forma que mis európodos sufragaran la gasolina de sus coches oficiales.

Otra opción sería sustituir mis geranios por algo medianamente combustible, pero no creo que mi señora me deje…
.

jueves, 6 de enero de 2011

Año nuevo, vida vieja

Sé de buena tinta que algunos malévolos bloguerillos se estaban frotando las manos ante la posibilidad de que –con el recién estrenado año- el Tordon se olvidara definitivamente del ciberespacio, un jubiloso acontecimiento que les evitaría continuar soportando los habituales y plomizos desahogos bitacoriles de este humilde coma.andante de submarino.
Pues no, estimados amigos, lamento decepcionar al respetable y comunicaros que sigo vivito, coleando y fortalecido en cuerpo y espíritu. Especialmente en cuerpo, ya que mi esbelta figura exhibe cuatro kilos de más por mor de los primorosos surtidos de mazapanes, polvorones y tortas imperiales que durante estas fechas he deglutido.
Y consciente de que el mundo no puede continuar girando un segundo más sin saber cómo ha transcurrido mi apasionante retiro navideño, paso a desgranar mis inigualables andanzas por tierras sureñas.
¡Me lo temía!: No huyáis, abnegados blogueros, que correr es de cobardes, y seguid leyendo, ya que el verdadero valor consiste en saber sufrir y en aguantar estoicamente las extraordinarias entradas con las que un servidor os obsequia.
Y no añadáis con vuestra indiferencia más aflicción a un afligido como el que suscribe, porque aunque tengo el corazón fuerte y la valentía probada, he de confesar que una pertinaz desdicha me ha perseguido de manera implacable durante estos días de descanso.
Porque yo quería aprovechar mi asueto para ver la película “The Tourist” (ya sabéis, más que nada por ver a Jonny Deep), pero al final me llevaron a Tron Legacy; deseaba con toda mi alma comerme unos espetos playeros, pero –errado en tiempo y forma-hube de conformarme con los suculentos solomillos de “El Higuerón”; Asimismo, preso de una didáctica determinación, tenía en mente mejorar mi putapénico acento andaluz, pero quiso la diosa fortuna que estos días conociera al Sr. Zheng-Chen- Xin, un honolable arquitecto que en ocasiones comenta en este blog; Iba a hacer deporte, pero las cañas y las tapas me bloquearon las articulaciones y el espíritu olímpico.
Y en cuanto al denuedo con el que iba a aprovechar el tiempo libre trabajando en asuntos profesionales atrasados, o –en su defecto-leyendo algo de provecho, mejor ni hablamos.
Pero, ya se sabe, las desgracias nunca vienen solas, y contrariamente a lo que me habían prometido, y cuando más a gusto me encontraba disfrutando de los Martinis y el sol sureño en las terracitas marineras, a San Pedro se le ocurrió regar (¡¡¡durante dos días!!!) las mustias plantas de la costa malagueña.
¡Mecagüen…!
Menos mal que “Dios aprieta pero no ahoga”, y mis fans del Rincón de la Victoria, plasmaron el inconmensurable cariño que me profesan en lo más alto del acantilado, ese idílico lugar a resguardo de la brisa mediterránea y de las severas miradas de la brigada municipal antigrafiti.
Y como podéis comprobar en la foto, y en justa compensación a sus desvelos, me avine a posar con un unas gafas conjuntadas cromáticamente con la decoración de tan monumental y sentida obra de arte.
Agradezco la ternura y dedicación de estas románticas criaturas, pero, captando la cariñosa indirecta, cuando llegue a casa no me quedará más remedio que volver a apuntarme al gimnasio.
Y es que –como os decía en el título-, el año es nuevo, pero las pijadas son las mismas.
Sí, lo reconozco, este sentimiento de cansina repetición, de reiterativo “dejá vu”, me está provocando unas ganas locas de llorar.
Porque me temo que -como nos recordaba el ínclito Julio Catedrales en su canción-, “la vida sigue igual” .

PD: Aunque, ahora que lo pienso, y por aquello de la deshidratación, ¿llorar un poco, adelgazará un mucho?