jueves, 9 de septiembre de 2010

Sin mamas no hay paraíso

Harto ya de escribir tonterías en este blog, disertaré hoy sobre las mamas, esas protuberancias femeninas de tan nutricia esencia.
Es decir, que cambiaré las tonterías por las mamonadas.
Pero es que no alcanzo a explicarme el atávico hechizo, la recurrente fascinación, el obsesivo embrujo , que ese conjunto de racimos galactóforos, tejido conectivo y acinos glandulares (silicona incluida) despierta en la mayoría de los varones púberes.
Quiero creer que semejante actitud es el resultado inevitable de una relación maternal mantenida (y dependiente) en mamíferos tan fantasiosos, glotones y previsibles como los seres humanos de sexo masculino.
Yo, cuando era bebé- lo reconozco- mantuve mi dieta largo tiempo a costa del pecho materno.
Sí, es verdad, era un poco mamón.
Pasaré por alto el pensamiento de algunos lectores que consideran que poco he cambiado con los años, pero resulta bien cierto que tan prolongada actividad dejó en mi ánimo una profunda querencia por el envase.
Y compadezco a los pobres mozalbetes de hoy día que, para tener fantasías eróticas, tienen que permanecer durante largo trecho frente el frío escaparate de las farmacias.

sábado, 4 de septiembre de 2010

NOMBRES PROPIOS

Siempre me resultó sugerente el campo de la onomástica por la enorme capacidad clasificatoria que poseen los nombres propios. También denominados “nombres de pila” -(en referencia a la pila bautismal)- son una referencia singular que transforma la realidad en conceptos designables. La gran mayoría son de origen germánico, latino y griego y –no me hagáis mucho caso– creo que “Tordon” es de procedencia vikinga.
El Instituto Nacional de Estadística nos informa que existen en España tres millones de “Josés” y 6 millones y medio de “Marías” y,- aunque desconozco si los musulmanes se bautizan-, existen empadronados en nuestro país más de 70.000 “Mohameds”.

Tengo una amiga que trabaja en la Recepción del Hospital, que- antes de diagnosticar cualquier dolencia- distribuye a los pacientes por el nombre:
Los “Fulgencio”, “Ambrosio”, “Segismunda” y “Eutimia”, los envía a Geriatría.
Los “Jonathan”, “Kevin”, “Sheila” y “Jessica”,-como no podría ser de otra forma,- los manda todos para pediatría.

miércoles, 25 de agosto de 2010

El hastío del estío

Harto ya del rutinario soniquete veraniego (piribiribiribí, piribiribiribí,¡uh!: pararáamericano…), decidí sintonizar una melodía más apacible con la que otorgarle un alivio a mi atormentado espíritu. Y para ello, con dos bemoles, encaminé mis pasos hacia la antigua “Marca” fronteriza carolingia, una difusa línea que transcurre por las estribaciones pre-pirenaicas del Alto Ampurdán.
Y, os lo aseguro, no lo tuve fácil en aquel desolado paisaje repleto de chicharras, abetos y rocas cuarteadas por el hielo, pero -como podéis comprobar en la foto-, hice lo humanamente posible para elevar el trasfondo de mis meditaciones.


Y aunque sé sobradamente que el águila vuela sola y el cuervo en bandadas, mi quebradiza voluntad nada aguantó ante el peso de la sofocante canícula y los ensimismados pensamientos.
Y así, pajarillo sobre otra águila, mi Jarli-Jolie, retorné raudo al cosmos de los muertos vivientes, al universo de los atolondrados pecadores, al submundo de los ruidosos plebeyos.

¡Broommm…broommm!…pararáamericano…

Y es que, con tanta virtud, ya me estaba saliendo un sarpullido.

miércoles, 11 de agosto de 2010

FLORES AMARILLAS

Existen historias en la vida de los hombres que ante determinados estímulos, brotan –cual si de Guadianas caprichosos se trataran - sin que nada se pueda hacer por evitarlo. Son historias antiguas, de las que no recuerdas ni el origen, ni la fecha, ni el motivo exacto de su nacimiento, pero que te hacen sentir como ese pescador que después de estar todo el día pescando, suelta los peces por la noche para seguir pescándolos al día siguiente.
Y una de esas historias es la de las flores amarillas.
Porque quiso la madre Naturaleza- aliviada unos días de la cuchilla inclemente- sorprenderme una mañana con la hierba plagada de flores de ese color. Y recordé –inevitablemente-la leyenda que a continuación os relato.
Eran dos jóvenes campesinos, creo que polacos, (a estas alturas de mi vida ya no estoy seguro de casi nada) que se amaban con la pasión propia de unos enamorados adolescentes.
Sin embargo, oprimidos por la limitación que los ingresos de la actividad campesina conlleva, su pobreza era directamente proporcional al amor que ambos se profesaban. Pero la mujer, consciente de su belleza y de su paupérrima condición, y deseosa de salir de ese submundo de penalidades, le dijo a su amado que solo se casaría con él si era capaz de proporcionarle el suficiente dinero como para llevar una vida holgada.
El muchacho, perdidamente enamorado, no demoró un instante su partida hacia las lejanas minas de sal.
Y así pasó mucho el tiempo sin que uno supiera nada del otro, llenos de nostalgia, sumergidos en una intensa añoranza, impacientes y esperanzados, aunque la prolongada ausencia no logró apaciguar el intenso amor que uno sentía por el otro.
Después de tres largos años, llegó la hora del reencuentro. El muchacho, antes de articular palabra, entregó a su amada una bolsa repleta de monedas de oro. Pero la joven apenas pudo sujetarla entre sus manos ya que -horrorizada- no lograba apartar la vista de aquel hombre demacrado, enfermo, pelo encanecido y visiblemente agotado en el que –a causa de las penalidades-se había transformado su amado pretendiente.
Remordiéndole la conciencia y con lágrimas en los ojos, abrazó con todas sus fuerzas a aquel hombre prematuramente envejecido y arrojó lejos de sí la bolsa de las monedas de oro. Y lo hizo con tal ira que todas quedaron esparcidas entre la hierba.
Y , como por ensalmo, en pocos segundos, mudos testigos de la tragedia, en los lugares en los que se habían depositado las monedas, brotaron al instante unas bellas flores amarillas…

Ahora ya sabéis, estimados blogueros, por qué contemplando la imagen que os muestro en la foto, esta vieja historia ha reaparecido en mi cabeza.

Y aprovechad ahora que está presente, amigos míos, porque tal como ha venido volverá a irse y se esconderá irremediablemente en los recovecos de mi memoria, muy dentro de mí, allá donde casi nadie llega, cerca del corazón.

domingo, 1 de agosto de 2010

Cerca del cielo

Siempre me gustó el “cabritu con patatines” (“cordero con patatas”, para los foráneos), que preparan en una sidrería próxima a mi choza veraniega.
Y allí me dirigí, -caprichosín que es uno-, para adquirir una ración de tan suculento condumio. Pero tuve que esperar unos minutos, ya que las patatinas-¡maldita cocinera perfeccionista!- todavía no estaban en suficiente sazón.
Y allí me senté en la terraza,- resignada la mente y despierto el estómago-, a ver pasar el tiempo, el cadáver de mis enemigos, las mariposas multicolores y los turistas pisapraos, mientras la guarnición pugnaba por alcanzar su óptimo estado de cocción.
Y en esas estaba, concentrado en la nada, sumido en la bella inopia, ajeno al mundo y sus pompas, cuando una señora de mediana edad se acercó y me soltó de improviso:

-Usted tiene cara de buena persona: ¿Podría ayudarme a colocar la Virgen en su sitio?

La cara y la voz de esta señora eran angelicales, pero una chaqueta de Zara me impidió comprobar si en su espalda crecían o no la alitas de santidad.
Y ante un imperativo tan divino, no pude negarme a acompañar a tan querúbica demandante hasta la iglesia del otro lado de la calle, aunque sinceramente pensaba que el sitio de la Virgen sería demasiado alto y lejano para que mis débiles fuerzas (antes de comer) sirvieran de ayuda.
Y es que la Virgen (del Carmen)- explicó la angelical sacristana- había salido de excursión (y procesión) a un pueblo cercano y ahora tenía que retornar a su lugar preeminente en el atrio.
Con una gran emoción,- y una escalera pequeña - ayude a la Bella Señora a alcanzar su sempiterno lugar en las alturas, ya que sus anquilosadas piernas de escayola le imposibilitaban hacerlo por ella misma.
E incluso-arriesgando la salud- me tomé el atrevimiento de retirarle del escapulario algunas telarañas.

Es verdad, lo reconozco, nunca estuve tan cerca del cielo…

En fin, queridos blogueros, que queda claro que “los caminos del Señor son insondables, que “al Paraíso por el cabrito”, que “el cielo no puede esperar”, y que la magnanimidad de la Providencia siempre concede a un pecador como yo una segunda oportunidad.

La agradecida sacristana me despidió diciendo:
-¡La Virgen se lo pagará!

Y eso espero, aunque me temo que conseguir una cita con la Jolie será difícil incluso para los que se mueven en las más altas esferas…

jueves, 22 de julio de 2010

Acorralado y acosado

Ya sé que me había despedido hasta septiembre y que soy un informal, pero es que estoy francamente preocupado. Porque mi situación va camino de convertirse en un flagrante caso de acoso sexual.
Y ahora, con los calores veraniegos, peor.
Tiene su mesa de trabajo enfrente de la mía y cada vez que levanto la vista, encuentro sus penetrantes ojos azules que me escudriñan sin piedad. Y yo, que soy muy tímido, desvío la mirada y procuro hacerme el despistado y concentrarme en mis labores.
Pero su insistencia ya resulta insoportable. Especialmente cuando coincidimos en la máquina de café: Le repito una y otra vez que a mí la que realmente me gusta es la Jolie, pero me contesta groseramente diciendo que tengo el gusto en el trasero. Yo creo que le reconcomen los celos y ya no se qué hacer para evitar tanta insistencia y decirle que lo siento, que no es mi tipo.
Últimamente la situación se está haciendo insostenible y cuando coincidimos en el ascensor me achucha con tal descaro que me hace pasar una vergüenza tremenda.

He decidido que tendremos que hablar seriamente y poner fin a esta ridícula situación.

Se llama Manolito.

¡Mecagüen…!

lunes, 19 de julio de 2010

Crónica (de urgencia) de una reunión anunciada



Un radiante 17 de Julio del año del Señor 2010 aconteció el tumultuoso desembarco de las huestes del submarinobajoelgrifo en la tranquila aldea de Pando.
Ruido y nueces, sonrisas y lágrimas, pan y circo, se dieron cita en la madre de todas las batallas en los verdes prados a la vera del Sella.
Y yo, como humilde testigo de tan magno acontecimiento, juro que contaré con fidelidad todo lo que mis ojos vieron para que sirva de ejemplo a las generaciones venideras y a todos los cotillas blogueros que quieren enterarse de lo que aquí sucedió.

En contra de lo previsto, todos acertaron a la primera con el lugar, lo que demuestra el carácter despierto y el sentido de la orientación de los levantiscos que por este blog pululan.
Y en cuanto vi aparecer la hermosa silueta canaria de Impasse con una botella de tinto en cada mano, comprendí que los hados nos eran propicios y que nada malo habría de acontecer.
Y también contemplé a Fiebre, la superestrella malagueña, esa sirena solitaria a la que no se le conoce varón, un tipazo impresionante, un verdadero desperdicio de la naturaleza, que demuestra que los hombres del Sur padecen una severa ceguera. Como corresponde a su cargo, y en un alarde de responsabilidad, se colocó -para vigilarlo- al lado del escanciador y manejó el gatillo con soltura. A su lado se encontraba Mar (adentro), otra escultural y espigada mozalbeta sureña de sonrisa fácil y trato agradable.
Entre ellas- sin saber por cual decidirse- el aguerrido Fabián, un fornido malacitano que, arremangándose la casaca albiceleste nos demostró que las sardinas son cosa de los espeteros del Pedregalejo.
Y también haré mención de la internacional Conguito, una muchacha hermosa y serena, virtudes que de nada nos sirven, ya que un alemán la vio primero. Y nos demostró con hechos y pasteles que poco hay de farol en sus suculentas recetas. Mis caries y mis michelines saltaron de alegría ante la vista de sus tartaletas de guindas y chocolate, por no mencionar las ya célebres “galletas Conguito”(marca registrada) que hicieron las delicias de todos los presentes.
Haré una mención especial para su atlético consorte, un hombre de hierro que- deshidratado por el reciente triatlón de Niza- se bebió hasta el agua de los floreros: Un tipo encantador que como cualquier alemán-domina el juego aéreo y defiende los córners con eficacia (menos el de Pujol).
Peleón, haciendo honor a su nombre, nos deleitó con sus rasgueos de guitarra y su chotis castizo. Defendió la portería de los esportinguistas con seguridad, aunque de vez en cuando se le iban los ojos tras la Carbonero.
Luis , el Sidreru Mayor, Gigi el amoroso, llegó precedido por su fama con una caja de sidra en una mano y la Solitaria en la otra. Hombre correcto y educado, luchó lo indecible contra las huestes oviedistas, pero cuando éstas comenzaban a calentar, él-poco acostumbrado a enfrentarse a gente tan joven- ya pedía la hora.
Y yo, agobiado ante la presión rojiblanca, simulé varias lesiones, para ver si la Fiebre (que ejercía de árbitro y masajista) entraba al campo a hacerme el boca a boca.
Pero no picó… ¡Mecagüen…!
La Soli, autora de tres goles en propia puerta, me dio varios besos a lo largo del día, pero fueron demasiado fraternales, o sea que no cuentan.
También hay que hacer mención especial a Luna, cuyo pelo se confundía con el azul del cielo . A pesar de su porte de diosa griega, elaboró unas deliciosas albóndigas y me robó el cartel del parking.
A su lado, el ilustre y discreto Ministro del Metal, el hombre tranquilo, un padrazo abnegado, un santo Job con cascos, un ente filosófico, un tipo pausado.
Hubo más gente (Mercedes, Helena, Lara, Miguel Angel, Pepe Monteserín, Dani) que aunque no tienen blog y por ello nos se describen en este relato, merecieron sobradamente la pena.

Comprendo que esta crónica no clarifica lo que sucedió en este día, pero es que existen cosas que solo se pueden explicar con el corazón y no con palabras.

Bss.

PD: ¡Un dato más!: Aprendimos a decir en alemán “por la cara”. Creo que se decía “alaputtenstrassen”, pero no me hagáis mucho caso.

PD2: Peleón, como puedes comprobar en la foto oficial, las Impatiens rojas de mi escalera tardarán en olvidarse de ti.

Bueno, os dejo, que todavía tengo muchos platos que fregar…