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domingo, 1 de agosto de 2010

Cerca del cielo

Siempre me gustó el “cabritu con patatines” (“cordero con patatas”, para los foráneos), que preparan en una sidrería próxima a mi choza veraniega.
Y allí me dirigí, -caprichosín que es uno-, para adquirir una ración de tan suculento condumio. Pero tuve que esperar unos minutos, ya que las patatinas-¡maldita cocinera perfeccionista!- todavía no estaban en suficiente sazón.
Y allí me senté en la terraza,- resignada la mente y despierto el estómago-, a ver pasar el tiempo, el cadáver de mis enemigos, las mariposas multicolores y los turistas pisapraos, mientras la guarnición pugnaba por alcanzar su óptimo estado de cocción.
Y en esas estaba, concentrado en la nada, sumido en la bella inopia, ajeno al mundo y sus pompas, cuando una señora de mediana edad se acercó y me soltó de improviso:

-Usted tiene cara de buena persona: ¿Podría ayudarme a colocar la Virgen en su sitio?

La cara y la voz de esta señora eran angelicales, pero una chaqueta de Zara me impidió comprobar si en su espalda crecían o no la alitas de santidad.
Y ante un imperativo tan divino, no pude negarme a acompañar a tan querúbica demandante hasta la iglesia del otro lado de la calle, aunque sinceramente pensaba que el sitio de la Virgen sería demasiado alto y lejano para que mis débiles fuerzas (antes de comer) sirvieran de ayuda.
Y es que la Virgen (del Carmen)- explicó la angelical sacristana- había salido de excursión (y procesión) a un pueblo cercano y ahora tenía que retornar a su lugar preeminente en el atrio.
Con una gran emoción,- y una escalera pequeña - ayude a la Bella Señora a alcanzar su sempiterno lugar en las alturas, ya que sus anquilosadas piernas de escayola le imposibilitaban hacerlo por ella misma.
E incluso-arriesgando la salud- me tomé el atrevimiento de retirarle del escapulario algunas telarañas.

Es verdad, lo reconozco, nunca estuve tan cerca del cielo…

En fin, queridos blogueros, que queda claro que “los caminos del Señor son insondables, que “al Paraíso por el cabrito”, que “el cielo no puede esperar”, y que la magnanimidad de la Providencia siempre concede a un pecador como yo una segunda oportunidad.

La agradecida sacristana me despidió diciendo:
-¡La Virgen se lo pagará!

Y eso espero, aunque me temo que conseguir una cita con la Jolie será difícil incluso para los que se mueven en las más altas esferas…