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El tema de los comentarios, estimado Pipo, es un capítulo muy digno a tener en cuenta:
Al inicio de la actividad bloguera, en realidad escribes para ti mismo, y lo haces con la vaga esperanza de que alguien, algún día, se digne leer tus entradas y realice un comentario a las mismas.
Los primeros comentaristas son bien conocidos: Tu hermana, tu primo o en el mejor de los casos, algún colega de la oficina. Por eso, cuando compruebas el primer comentario anónimo, el corazón te da un vuelco y te invade una ilusión tremenda. Y si encima proviene de una localidad distinta a la tuya, comienzas a flotar como si te hubiera tocado la bonoloto. La fascinación por las nuevas tecnologías se adueña en ese instante de tu vida que cobra así un nuevo sentido, un nuevo pálpito que late bajo la euforia de tan novedosa situación.Pero, inevitablemente, “tempus fugit”, y llega el momento que, sin saber como ha podido ocurrir, comienzas a recibir verdaderos “anónimos-anónimos”, es decir , los comentarios de esas personas a las que ni tan siquiera has lanzado el anzuelo de unas palabras en su blog.
Y es que en este mundo bloguero, la gente es tan sumamente educada que en ocasiones te invita amablemente para que pases a conocer su casa.
El problema se hace evidente cuando un buen día, a las 2 de la madrugada, te sorprendes a ti mismo tratando de contestar a uno de estos afables comentaristas.
El martes pasado, por ejemplo, recibí un comentario de “Casimirín” que decía textualmente:
-“Tu blog es muy interesante. Espero que le mío también te guste.”
Y, claro, no tienes ni idea de quién es Casimirín, pero ,-consciente de que el anonimato bajo el que te escondes no excluye las más elementales normas de cortesía-, crees que –a pesar de la hora- tienes la obligación moral de entrar en ese espacio virtual que tan amablemente ha contactado contigo. Después de todo, si él ha soportado el insufrible ladrillo que has largado en tu entrada de ese día, corresponder con la misma moneda es lo menos que cabría esperarse en estas circunstancias.
Además-piensas- ¿qué otra cosa mejor podría hacer a las 2 de la madrugada?
Bueno, sí, tal vez leer un poquito a Tolstói…
Pero no, eso llevaría demasiado tiempo, y sin embargo un rápido comentario en un blog…
Así que, sin mucha convicción, haces “doble clik” sobre “Casimirín” y apareces- como no podía ser de otra forma- en “El Rincón de Casimirín”, una página llena de colorido y plumas. Y señalo lo de las plumas, no porque el propietario del blog pertenezca a ningún gremio que reivindique determinada identidad sexual, sino porque el tipo en cuestión es todo un experto en aves.
-Bueno, ya que estoy aquí,-te convences a ti mismo- en un par de minutos me pondré al corriente de la entrada y le comentaré algo. Después de todo, siempre es interesante aprender cosas nuevas…Aunque sea sobre pájaros. Total, solo será un momento…
Y así, con toda la ilusión y curiosidad del mundo comienzas a descifrar el título de la entrada: “Aspectos filogenéticos, taxonómicos y psicológicos de la reproducción de los cormoranes en cautividad.”
-¡Coño, apasionante!- piensas medio dormido.
Y cuando vas por la línea 400 de ese exhaustivo estudio sobre los cormoranes que Casimirín desmenuza con primor para mayor deleite del mundo virtual, empiezas a pensar que con unas cuantas entradas como esa, ya habrías leído “Guerra y Paz” cuatro veces…
Pero, bueno, hombre, ya que estás…
Y cuando, (un cuarto de hora después), finalizas la lectura de tan espectacular informe avícola, te envalentonas y haces el firme propósito de que, si has logrado llegar hasta ahí, no vas a marcharte ahora sin dejar un mísero comentario.
Pero entonces te das cuenta que tú de aves no tienes ni puñetera idea, y que lo que realmente te apetece poner es algo así como:
-Coño, Casimirín, por mí podrían dejar a todos los cormoranes en libertad y que se busquen la vida, como hacemos los demás…
Pero no, esto no es posible, es menester ser educado y, aunque son ya las dos y media de la madrugada te estrujas hasta el dolor tus más que somnolientas neuronas para poner algo medianamente decente. Algo así como:
-Me encanta comprobar, estimado Casimirín, que la primavera llena de sentimientos a esas majestuosas aves que tan delicadamente describes en tu entrada de hoy…
Y entonces, al finalizar el comentario, es cuando sucede un hecho incomprensible: Tal vez sea la satisfacción del deber cumplido, tal vez lo tardío de la hora, lo cierto es que te comienza a invadir una extraña euforia, una especie de embriaguez cibernética, y es en ese preciso instante cuando te creces, y, más chulo que la una, añades:
-PD: Esperamos ansiosos tu particular y experta visión sobre “La dieta vegetariana de las palomas torcaces y la madre que las parió”.
Un poco más tarde, derrotado por el sueño, con los párpados caídos, más cercano del arpa que de la guitarra, cierras el portátil y esperas que sea lo que Dios quiera.
Y ,en efecto, Dios quiere que al día siguiente, nada mas encender el ordenador te encuentres en tu blog un comentario que dice:
-Agradezco, sensible Tordon, que te gustase mi entrada de ayer sobre los cormoranes. Hoy te dedico mi nueva entrada que consta de un sencillo resumen de cinco folios sobre los insondables misterios que rodean a ese mundo de la colombofilia que tanto te apasiona. Y además, sabedor de tu interés, estoy pensando en concederte el prestigioso premio “Faisán de Corazón de Oro” que periódicamente entrega mi rinconcito virtual…
-¡Mecagüen…!
…..
Bueno, queridos amigos, todas estas reflexiones, (y otras más que no quiero contaros para que no os acordéis de mis difuntos antepasados), fueron las que le comenté a mi amigo Pipo, que me escuchó todo el tiempo con absoluta atención y cara de convencimiento.
Al final, asintiendo con la cabeza, me preguntó:
-Te agradezco tu información sincera y de primera mano, Tordon. De todas las maneras, ¿qué te parece si decido llamarlo… “Los cacharritos en Pipolandia”?
Y yo, ¡qué le iba a decir!, estimados blogueros, le dije que muy bien, que estupendo, que un nombre genial, que sería sumamente interesante recibir periódicamente esa exhaustiva información que solo él poseía sobre el apasionante mundo de la cerámica…
Aunque en el fondo, lo que realmente estaba pensando decirle era:
- ¡Otro que picó!
En fin, que mañana me veo a las tres de la madrugada frente al ordenador comentando algo así como:
-Me encanta comprobar, estimado Pipo, que la primavera llena de sentimientos a esos majestuosos jarrones de la dinastía Ming que tan delicadamente describes en tu entrada de hoy…
-¡Mecagüen y requetemecagüen…!
Una ojeras como platos, oiga.
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Saludos cordiales
Tordon
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PD:Los dolorosos remordimientos de conciencia que me inundan al comprobar la desproporcionada amplitud de este "ladrillo", solo se ven aliviados por el convencimiento de que estas entradas tan extensas solo son leídas por el que las escribe.
¡Y porque no le queda más remedio!