Prometí que ni una sola letra depositaría en este submarino durante mis vacaciones de Semana Santa. Pero la irresistible tentación del acceso a Internet de un amigo, hace que mis buenas intenciones se desvanezcan como humo entre las teclas del ordenador ajeno. He aprovechado estos días en la Ciudad Condal para charlar con mi amigo Javier Saban, un filósofo sefardí que investiga de manera incansable el pensamiento judío.
Este hombre es un tipo de los de frases contundentes, y haciendo referencia a su estirpe, me explica: “Aprendimos que pueden arrebatártelo todo… menos lo que has estudiado”
Le pido que me hable un poco del cristianismo desde su óptica judía.
-El hombre más influyente de la historia fue un judío: Jesús, - me asegura. Y continúa: Jesús era un judío del siglo I ,pero no un predicador analfabeto sino un finísimo estudioso hebreo, muy sutil. Era rabino (maestro) fariseo con alguna idea isenia (“vende todos tus bienes y dáselos a los pobres”). Predicó lo mismo que otros rabinos fariseos anteriores como Hibel (70-20 a.c.):”El sábado está hecho para el hombre, no el hombre para el sábado”.
No abordar a Jesús desde el judaísmo -prosigue-, es no entenderlo. Sus ideas se plasman en el Nuevo Testamento. ¿Nuevo? Tres están escritos por judíos: Levi ben Alfeo (Mateo), Mordeschai ben Johanon (Marcos) y Johanan (Juan), y otro por un médico griego, Lucas, y todos se basan enseñanzas judías. Jesús no predicó una nueva alianza con Dios y así lo proclamó:”No he venido a abrogar la ley (de Moisés), sino a consumarla” (Mateo, 5,17).
Como ves, estimado Tordon, -concluye- al final, judíos y cristianos compartimos la misma ética.
-Bueno, sí, le dije yo, pero –ya me conocéis, no pude evitar la pregunta-:¿No erais vosotros los que fomentabais aquello del ojo por ojo?
-Sí, puede ser, pero el caso es que los esclavos preferían tener amos judíos o cristianos antes que amos griegos o romanos, ya que, al ser personas a imagen y semejanza de Dios, eran tratados mejor. Y al séptimo año, (Dios descansó al séptimo día, sábado), eran liberados. ¡De ahí viene nuestro año sabático!
En fin, queridos blogueros, creo que hemos de concluir que resulta muy feo renegar de una madre. Y que –queramos o no, creamos o no- nuestra madre indiscutible es la omnipresente cultura judeo-cristiana.
Es lo que hay.
¡Hasta pronto!
Tordon
PD: Mi amigo, el que me presta el ordenador, no sabe que tengo un blog y cree que estoy consultando en el correo importantes documentos profesionales que no admiten demora.
Pero confío que, valorando la temática de la entrada de hoy, el cielo me perdone el engaño y considere mi mentira como piadosa.