Dicen los tópicos que Brasil es una nación apasionada por el fútbol, pero,-¡ya me conocéis!- si no meto el dedo en la llaga no creo, y allí me fui para comprobar la veracidad de estas afirmaciones.
Pero no penséis, malévolos blogueros, que fui irreflexivamente, a tontas y a locas, nada dejé al azar, me puse las pilas , hice los deberes y organicé un grupo viajero formado por 11 magníficos profesionales:
En el lateral derecho, la extraordinaria Esperanziña, más que nada porque en esa banda se coloca el masajista con las botellas de agua.
En el centro de la defensa, el colosal Mariano, experto en llaves (de judo), de gran utilidad para disuadir al contrario.
En lateral izquierdo el ágil Enrique, que es su puesto natural, dada su tendencia a escorarse hacia esa banda. Nos convenció de que la mejor bebida isotónica por esas tierras era la caipiriña.
Como centrocampistas llevamos a Carmen, Ángeles, Mercedes y Nuri, una expertas en el arte del regate y del regateo .No obstante, son de poco fiar, ya que en los segundos tiempos se dedican a visitar el banquillo contrario para comprar gorras y camisetas.
Y formando la temible delantera, ahí estaban los valerosos Jaime, Tordon y Santi Gento., si bien su misión era puramente testimonial, ya que las centrocampistas no les daban bola e iban a su idem, dejando para ellos la arriesgada misión de transportar la Visa.

Otro ejemplo: En una aldea recóndita del Amazonas, de menos de 500 habitantes, se erige (ver foto) este maravilloso campo de futbol con ¡ocho! porterías. 

