martes, 15 de septiembre de 2009

Gimnasia de Oriente



Como andaba yo falto de energía- y además soy un padrazo- acompañé a mis retoños a una de sus clases de Aikido.
Y así como el pictograma “Kanji” (para la palabra “ki”, ver foto) representa una olla de arroz emanando vapor, acabé yo esa magistral clase con el deplorable aspecto de una tartera sudorosa.
Y que conste que soy capaz de percibir el flujo de la energía vital que destila este arte castrense ( el “Qi” de los chinos, el “Pneuma” de los griegos, el “Prana” hinduista), pero cuando el tío de la faldita me lanzaba por los aires (“me proyectaba”,decía él) los rudos costalazos perdían su dulzura exótica y me dolían como si fueran de la misma Torrelavega.

Y entre meditación trascendente, sudada, lumbalgia y olor a incienso, me entraron las dudas:
¿Seré yo poco espiritual?
¿Necesitaré un tatami con doble acolchado?
¿Será que no tengo alma de samurai?
¿Debería ser más armónico, más fluido, más neumático?
¿Tendré cara de “proyectable”?
¿Será el profesor un bruto?
¿Estaré mayor?
¿Seré gilipollas?

Sea como fuere, creo que me pasaré al Tai-Chi.
O mejor aún, a la bicicleta estática de toda la vida.

sábado, 12 de septiembre de 2009

Aguiluchos

Esta mañana, en el trabajo, al interrogar a una señora con el rutinario “¿qué tal las vacaciones?”, me contestó:
- Ha sido el peor verano de mi vida: Mi hijo, de 24 años, falleció el 1 de Julio en un accidente de ala delta.

Antes de comer, leí que los jóvenes aguiluchos se alejan de su territorio natal y emprenden la aventura de una vida independiente, aunque, al principio, los hermanos permanecen unidos; la mayoría de ellos no alcanzará el año de edad y sólo uno de cada cuatro llegará a la madurez.

Más tarde, al observar a mis hijos - que parecían comerse el mundo con el postre-, sentí en la espalda un intenso escalofrío.

sábado, 5 de septiembre de 2009

Subsidium et circenses


Dedicado a RosaLuna, que pensó en plantar la tienda de campaña en el Campo S. Francisco.
A José, que se lo impidió.

Esta mañana,- justo cuando estaba corriendo de la mano de la Jolie por un verde prado cuajado de amapolas-, un ruido ensordecedor me despertó.
En un primer instante, pensé que un avión de combate había efectuado un aterrizaje de emergencia delante de mi casa.
Pero no, no era un Phamton del ejército. Ni tampoco un Boeing de Iberia: Era mi vecino Fernandín que había salido a la calle a jugar un rato.


Megapilotos de fórmula uno, Princesas Letizias, y el Bradd Pitt (sin señora, el muy capullo ) firmando autógrafos a los políticos en el Niemeyer. ¿Quién dijo crisis en Asturias?

Los parados volvimos a casa con los tímpanos destrozados y una beatífica expresión de felicidad en el rostro.
¡Que nos quiten lo acelerao!

Sea como fuere: ¡Aúpa Alonso! ,¡Ave, Tini! ,¡Puxa, Gabino!, ¡Puxa Asturias! ,¡Viva la fabada y la sidrina! ,¡Viva la Jolie! ,¡Viva la república independiente de mi casa!

PD: Y por aquello de retomar mis sueños, me volví a acostar.

martes, 1 de septiembre de 2009

Otoño



Miro a mi alrededor y la oscuridad está llena de fantasmas.
No me gusta caminar solo bajo este inhóspito cielo.
Tengo miedo a la intemperie.

No pretendo que me quieras.

Pero, por favor, dame la mano.

miércoles, 26 de agosto de 2009

Pre-síndrome post-vacacional.


Sansón encadenado a unas columnas derretidas por la canícula, Ícaro de alas fundidas, simio atrapado por la luz como un Van der Rohe sin estudio, como un Goethe trabajando para la Once: Así estoy yo…sin ti.
El dolce far niente, la sangre más espesa que el chocolate, músculos fláccidos que sustentan a duras penas un cansino ritmo circadiano de comer y dormir: Se diría que los nervios transportan horchata en vez de impulsos eléctricos.
Tumbado a la bartola, sin Internet, sin ganas.

Mal asunto este de la ociosidad: No te deja más alternativa que dedicarte a pensar.

PD: Y no pienso exhibir más fotos personales a bordo de mi yate: Se resentirá mi ego, pero se pondrá contento el Porquero.

domingo, 23 de agosto de 2009

Trajes en Valencia

La noticia del trasplante alegró la mía: Caras angustiadas, risueñas, hoscas, de Jolie o de gorila amaestrado; Rostros impávidos, seductores, obtusos o tiernos; Expresiones de jugador de póker, facies leoninas, papos de “Netol” o “papadas –Michelin”. Rostros de cordero degollado, de enamorado -valga la redundancia- , de odio, de ternura, de compasión; Jetas inertes, perfiles de cartón-piedra, versus fisonomías repletas de expresividad.
Y observo que algún célebre cirujano se muestra en sus ruedas de prensa con el putapénico aspecto de un hippie venido a más.
Y que aunque el citado gurú haya comprendido que la cara es el espejo del alma, se olvida que el hábito puede distraer del monje.

Y que cuando consigues una historia verdaderamente buena, la prudente discreción limita el riesgo de que el auditorio solo se fije en tu traje.


PD: Los medios justifican la indumentaria colorista aludiendo al amor que el cirujano siente por África. Vana excusa: Yo nunca daría una conferencia embutido en la camiseta del Real Oviedo.

Y es que,-incluso en este submarino, aunque haga calor-, la tolerancia de lo políticamente correcto tiene un límite.

domingo, 9 de agosto de 2009

¡Hala, alas, Alan!


Así como las conjunciones planetarias inducen severos cambios magnéticos en los entornos astrales y trastocan la polaridad geobiológica de los seres vivos, existen condiciones en la vida de un hombre que le arrastran sin remedio a dar un paso adelante y saltar al vacío.
Por un lado, mi princesa asegura que jamás sería yo capaz -cartesiano contumaz, controlador nato- de realizar cualquier actividad que escapase a mi estricto raciocinio; Por otro lado, el desesperante goteo de cumplir años, ilumina la certeza de que el número de oportunidades para ejecutar algunas locuras decrece drásticamente.
Así pues, rodeado de argumentos, me rendí, cerré los ojos, y cual pajarillo inocente -o Ícaro redivivo- salté.

PD: Y ahora que me fijo en Alan (1.95, “el holandés-gigante”), me doy cuenta que nunca había tenido un hombre tan acoplado a mis espaldas.
Pero comprenderéis, estimados blogueros, que a 4000 metros de altura y en caída libre (230 Km/h),... ¡como para pensar en mariconadas estaba yo!