jueves, 17 de julio de 2008

Restricciones

En consonancia con los apuros económicos de la nación, el Alcalde de Oviedo acaba de promulgar una nueva normativa para reducir el consumo eléctrico de la ciudad , y para ello propone encender tan solo la mitad del alumbrado urbano.
En su columna diaria, mi amigo- y laureado escritor- Pepe Monteserín, extrapola esta iniciativa a los jinetes de un centro ecuestre, y dice que si les proporcionáramos una sola espuela con la que lograran el trote de la mitad del caballo, con toda seguridad la otra mitad le seguiría.
Pero yo pienso que esta extrapolación será necesariamente parcial.
Porque –tratando de ahorrar emociones- ¿cómo haremos, ¡ay!, el amor a medias?

miércoles, 16 de julio de 2008

Húmeda inopia (2)



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Al mediodía nos avisaron del fallecimiento del padre de un amigo y abandonamos el mar para acercarnos a "Los Arenales". Allí, las flores, tan bellas, tan frías, tan colocadas geométricamente en las coronas, me hicieron reflexionar sobre el contraste con las flores de mi jardín, tan dispersas, tan alegres, tan anárquicas, tan cálidas, tan vivas. Quizás la muerte solo sea un cambio de escenario donde el orden suplanta al caos, el silencio al ruido, la quietud al movimiento.
Retornado al “refugio costero”, retomo la paz. Un prandial paréntesis para comprobar con nuestro Fernando que la rapidez no acarrea inevitablemente el éxito. Después, y en consecuencia, más contemplación. Y en esas estaba, practicando el “slowing”, el “elogio de la lentitud”, la intencionada parsimonia, cuando una voz del más allá me devolvió al más acá:
-” ¡Tordon, espabila y ayúdame a cargar las maletas, que parece que estés en la inopia!”...
¡Ah, cruel incomprensión la del rústico poetastro!
Aunque yo me pregunto: ¿no será toda esta impostura una simple coartada para la vagancia?
Tordon
PD: No sé donde leí que el ser humano, cuanto más relajado e íntimo, más grotesco.
Pido disculpas.

martes, 15 de julio de 2008

Húmeda inopia (1)

El jueves, por la noche, alcancé la Villa del Sella en mi piragua de cuatro ruedas y ,mirando el cielo, presumía que, -cuajado de estrellas-, auguraba un día venidero radiante. El viernes, a media mañana, el persistente orbayu echó por tierra todas las predicciones. Quizás el “Meteosat Celestial” (¿será Santa. Bárbara la encargada?), no tiene suficiente cobertura en aldeas recónditas como Pando. Las labores de siega quedaron así interrumpidas y, por imperativo meteorológico, la “pación” se tornó en “meditación”. Atechado bajo el porche y sin nada que cortar ni pinchar, abrí los sentidos a lo inusual. Contemplé cómo los laureles -haciendo reverencias al viento del Norte- susurraban palabras entrecortadas que no supe interpretar; Un escandaloso grupo de grandes pájaros negros, (mi cultura ornitológica solo distingue dos especies: los grandes y los chicos) mantenían una acalorada discusión entre estruendosos graznidos; Los pájaros más pequeños, a pesar de que la neblina comenzaba a hacerse densa, trazaban arriesgados vuelos rasantes sobre el sembrado. (¡Coño, señores del aeropuerto de Asturias, no puede ser tan difícil!); Los avellanos, pura flexibilidad, cimbreaban sus ramas hasta alcanzar, coquetos, el espejo de la piscina. Pero algo no iba bien: El móvil de viento, otrora relajante con su campana Zen, tañía a muerto. El sauce, mas afligido que de costumbre, acumulaba a sus pies una espesa mezcla de lluvia y lágrimas verdes…
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lunes, 14 de julio de 2008

Verde, que te quiero verde.

La irregularidad en las entradas de las últimas fechas se debe a que, durante esta época prevacacional, me escapo a Ribadesella, idílico lugar al que huyo siempre que puedo y en el que, buscando el olvido de la frenética actividad profesional, me nutro con la sopa espesa de la neblina y la hojarasca (¡Qué cursi, por Diooos!).
Allí consumo las horas dedicado a las labores agrícolas, lucha ingenua y desigual contra la feracidad del todopoderoso verde asturiano.
A ver si matando las malas hierbas me sobrevienen pensamientos positivos…
“Morimos tal y como nacemos: Sin dientes, sin pelo, sin ilusiones…”
Espero- mientras siego- que la ilusión sea lo último que se pierda.

domingo, 13 de julio de 2008

Elogio de la fantasía



Me dice una amiga, -y las mujeres tienen un sexto sentido del que los hombres carecemos,- que tal vez la persistente elaboración de entradas en el blog, pudiera llegar a distraerme de alguna de mis múltiples ocupaciones profesionales que requieren,- soy consciente de ello-, un alto grado de concentración.
Nada más lejos de mi propósito, entre otras cosas porque de ser así, estaría
escupiendo al cielo.
De cualquier forma, y aprovechando la insidiosa duda en la que me ha sumido mi intuitiva compañera, me he preguntado cuál era la causa para que yo, habitualmente parco en palabras, escueto en efusión y recatado en declamaciones, esté escribiendo, día sí y otro también, estos espontáneos e ingenuos comentarios. (Lo sé, vosotros también os lo preguntáis)
Y puesto que estoy harto de saturar las circunvoluciones del disco duro con preguntas sin respuesta, me someto a un sistemático y severo autoanálisis, descubriendo sorprendido que las primeras respuestas acuden cargadas de pragmatismo:

“Es una manera hipocalórica y descafeinada, aunque excitante, de rellenar los tiempos muertos que se producen entre que se despide un paciente y se prepara el gabinete para el siguiente”.
Otro razonamiento creíble sería:
“Esta actividad me obliga a escribir una especie de diario virtual en el que la motivación vendría, (como la dieta, el gimnasio o estudiar inglés), por el percibido acompañamiento al otro lado de la línea”.
No sé, no sé, no me acaban de convencer mis propios argumentos. No recuerdo ahora qué autor confesaba que destruía todo lo que lograba escribir en la primera hora ya que durante ese tiempo lo que reflejaba en el papel no era lo que de verdad quería transmitir, sino el resultado de una subconsciente autocensura.
Por eso, rascando un poco la pintura, y sincerándome conmigo mismo, tendría que reconocer que mis entradas en el blog tienen como único fin mantener un vínculo asequible con otros mundos que intuyo paralelos y distintos al mío; mundos de fantasías, sueños, delirios, tragedias; mundos difusos, irreales evanescentes, pero íntimos y satisfactorios. Esa es tal vez la razón última de mi actividad; conseguir una vía de escape para huir de tanto formalismo, tanta vacuidad, tanta frivolidad, tanta rutina; imaginar otros mundos, beber sorbos de viento, tejer hilos de plata al cielo, degustar manjares de poesía, temblar con la frescura de historias increíbles…; esas alegrías sinceras del alma que, por inasibles y tenues, sosiegan el ánimo y te hacen pensar que otro mundo es posible.
Y es que para mí, escribir sin presión ni finalidad, es la alternancia a la razón, la sonrisa equívoca, la duna trufada de misterio.
Definitivamente, supongo que la respuesta a mi pregunta está con toda seguridad en la otra cara del Jano que no logro acallar.

sábado, 12 de julio de 2008

Ecología monárquica



He leído en LNE (periódico local) que el príncipe Carlos de Inglaterra tiene un Aston Martin de época (junto con otros muchos coches de lujo) al que ha “tuneado” con un motor movido por biocombustible obtenido a partir de vino blanco.
El periodista que recoge esta noticia, (Pedro de Silva), bajo el título “Aspirina para la lepra”, reflexiona:

“En tal alto miembro de la realeza es un actuar encomiable, pero a la vez sirve de ejemplo extremo del mal enfoque de la ecología. El asunto no es ahorrar algo en todo aquello que se consume, sino en consumir mucho menos, pues cada bien o servicio consumido tiene dentro gran cantidad de energía. El ahorro energético está bien, pero no dejan de ser paños calientes para curar una enfermedad mortal. Solo un cambio radical del modelo de consumo, del modelo económico y del modelo de vida y un nuevo pacto con la naturaleza pueden alejarnos del desastre anunciado”

Pues eso, mí querido príncipe Carlos: Bébase el vino…y vaya caminando a trabajar.
Y a otros mejor les sentaría ir a trabajar sin haber bebido.
Con corbata o sin ella.

viernes, 11 de julio de 2008

Fórmula 1





Un buen coche, abdomen convexo, gafas de sol azules, mocasines de niño pijo, pantalones de heladero, melena canosa al viento, calvicie incipiente y una chica guapa al lado...


¿Qué tiene Briatore que no tenga yo?