domingo, 21 de diciembre de 2008

Es lo que hay


¡Os echaré de menos!

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sábado, 20 de diciembre de 2008

Se armó el Belén (y II)

En Navidad, el mayor motivo de disputa en mi casa, es la colocación del Nacimiento. Siempre tengo bronca con mis hijos, y aunque hago firme el propósito de que esto no suceda, todos los años –inevitablemente- los problemas se repiten.
Vamos a olvidarnos,- ¡les hace tanta ilusión!-, de que para sacar tres cuadraditos de musgo, mis hijos levanten 100 m2 de jardín y lo pongan todo hecho un asco. Esto es solo el inicio de la confrontación, pero es “pecata minuta” en relación al resto.
Para empezar, tenemos el problema de las tallas. Por un extraño motivo, todas las figuritas del Nacimiento se recogen, año tras año, -haciendo caso omiso a la época en la que han sido adquiridas- en la misma caja de cartón. Y así, podemos observar a un Melchor gigante al lado de un Gaspar enano y un Baltasar que no le llega ni a la rodilla al camello. Porque, claro, -además-, por esa inevitable y no escrita ley de Murphy Navideña, siempre le toca el camello más canijo al Mago más alto.
Después viene el problema de la congruencia cronológica: Les tengo dicho mil y una veces que no quiero ver en medio de tan bucólico escenario a los dinosaurios y a los Clik de Famobil .Intento explicarles que esas figuras confieren al Nacimiento un toque surrealista y anacrónico. Pero como si nada: Ahí están, año tras año, como verdaderos guardianes de los tiempos pasados y futuros.
Pero lo peor viene al segundo día, que es cuando yo comienzo a ponerme de los nervios, a fruncir el entrecejo y a preguntar en voz alta: ¿Era, por casualidad, Galilea una región especialmente sísmica? No sé cómo, ni por qué, (quizá le aticen con la aspiradora o haya muchas corrientes de aire en mi casa)- pero el hecho cierto es que el Nacimiento se convierte, como por ensalmo, en un verdadero campo de batalla: Y así, los pastores, en vez de cuidar las ovejas,- tal y como de ellos se espera-, aparecen todos durmiendo la siesta sobre el musgo. Tumbados a la bartola, -¡tan tranquilos, oye!-, mientras sus descarriadas ovejas andan perdidas por los cerros de corcho. Eso sí, los tíos no sueltan el cayado ni para dormir…
Aunque en esto de los terremotos, la figura de más alto riesgo es sin duda el angelito que extiende sus alas sobre el Portal. Se lo tengo dicho una y mil veces: ¡Usad lo que queráis, aunque sea Loctite, pero no quiero ver más al angelito montado a caballo sobre la vaca! Es que esta desubicación me pone los pelos de punta, le da al conjunto un aire tan anarco-irreverente que no lo puedo soportar, me sienta fatal a la vista…
Y ellos, como si nada, ni el más mínimo caso…
Pero la cosa no queda ahí. El aguerrido soldado, vencido bajo el peso de la lanza y el escudo, permanece de bruces con la cabeza semisumergida en ese típico arroyo de papel de plata que todo “creativo” que se precie trata de incorporar al paisaje.
Y ahí, con el ejército romano haciendo aguas, medio ahogado, es cuando a mí ya me entran ganas de llorar…
E imagino tan intensa la actividad geo-sísmica de la zona, que parece que hasta el riachuelo se haya visto desbordado con las últimas lluvias y así, los cisnes ,-que plácidamente se deslizaban sobre él el día anterior-, aparecen patas arriba en el fondo del barranco en compañía de tres ovejas, una gallina, una señora lavando y el perro del pastor.
-¡Esto no es un Nacimiento, esto es una merienda de negros, leñe!- me desgañito sin que me hagan ni puñetero caso.
-¡Bueno papi, “buen rollito”, que es Navidad! -me contestan
-¡Mecagüen…!


Y lo peor de todo es que, allá por Semana Santa, cuando ya me da vergüenza, me toca recoger el árbol, las bombillas de colores y las figuritas del Belén.
En la misma caja de siempre y sin clasificar por tallas, por supuesto.

viernes, 19 de diciembre de 2008

Se armó el Belén (I)

Ya os expliqué que las fiestas navideñas, en general, me hacen ilusión. Pero también reconozco que hay unos cuantos detalles que no me acaban de convencer.
Obviando la hipócrita “cara de bueno” que todo el mundo insiste en poner- inútilmente- durante las fiestas, una de las cosas que menos me agrada es la creciente manía de adosar a las fachadas un "Papa Noel trepador". Cada día son más grandes, gordos y numerosos. La crisis les trae sin cuidado y se multiplican como una plaga rojiblanca. ¡Estamos invadidos!
Mi vecino puso uno de esos papanoeles alpinistas en una ventana próxima a la mía y por las noches, cuando llego a casa, me da un respingo advertir su regordeta figura cerca de mi habitación. Como lleva saco, siempre lo confundo con un ladrón y me mosqueo. Es decir, que en vez de excitar la fantasía, me da miedo. Además, a la menor racha de viento, -no aguantan ni dos días-, todos penden como verdaderos ahorcados… Deprimente. ¿No?
Yo soy más de Reyes que de Papa Noel y, la verdad, no llevo nada bien esa indumentaria chillona que incorpora los colores de la multinacional del refresco o –peor aun-, los colores del Sporting.
Así que tengo pensado que, simulando regar las plantas, mis hijos le propinen una patadita al susodicho y que, con un poco de suerte, logremos que ruede tejas abajo.
Y ya me imagino mi propia voz de “padrino” para adiestrarles:
-“Sobre todo, chicos, que parezca un accidente…”
Tordon
PD: En esta época de bondad, paz y felicidad navideñas, el andar pensando como un mafioso me deja el cuerpo fatal, pero…

jueves, 18 de diciembre de 2008

Hacia Belén va una burra...

En los últimos años, por estas fechas, vengo observando una actitud que amenaza con convertirse en epidémica y que, en ese sentido, me preocupa.
Y esta nueva “fashion” no es otra que la curiosa pose exhibida por algunos individuos, -por otro lado personas sensibles y bondadosas-, que manifiestan abiertamente su desagrado ante la llegada de las Fiestas de Navidad.
Y yo, -que soy como un niño y voy en plan happy- estoy hasta las bolas (navideñas) de que me contesten con expresiones tales como: ¡Buff, que rollo! o ¡A ver si pasan pronto! o ¡Mejor no había fiestas,… son tan tristes!
Y si valoramos el concepto de que “el recuerdo de los seres queridos pueda enturbiar los momentos de alegría”, hemos de reconocer que, según esa premisa, no podríamos nunca disfrutar de ninguna de las actividades festivas de nuestra existencia, ya que,- es evidente,- siempre habrá alguna persona (a la que nos unía un lazo emocional intenso) que, por desgracia, esté ausente.
Estoy absolutamente de acuerdo, por otra parte, en que el consumo frenético es el denominador común de estas entrañables efemérides de Epifanía, pero confío en el espíritu crítico y en la sabiduría de mis conciudadanos, para que, llenos de cordura, coloquen el acento en las relaciones familiares y en otros aspectos mucho más profundos que el vacuo mercantilismo de la Campaña del Corte Inglés.
Yo, para empezar, solidario con la crisis, he sugerido que en mi casa se plantee la posibilidad de cocinar un menú tipo “lentejas y ensalada mixta”, en vez de esos suculentos manjares que, por el simple hecho de ir enrollados en espumillón, quintuplican sus precios. (No me van a hacer caso, seguro)

Y si aún así, , puñetero pastorcillo, has reflexionado sobre lo anteriormente citado y no te gustan las fiestas... ¡cállate hombre, y no se las amargues a los demás!
Ya sé que los Reyes son los padres, listo, pero ¡leñe!, no me quites la ilusión…

PD: La foto que acompaña esta entrada es la felicitación navideña de la Familia Tordon Lorz. Me la ha enviado alguien que me quiere mucho, aunque yo la quiero más a ella… Y eso que no me ha sacado nada favorecido…

martes, 16 de diciembre de 2008

6 VERDADES de la vida


PRIMERA VERDAD:

1. Nadie...¡ ABSOLUTAMENTE NADIE EN TODO EL PLANETA TIERRA!, puede alcanzar a tocarse las muelas posteriores de la boca CON LA LENGUA.


SEGUNDA VERDAD:

2. Todos los Idiotas, después de leer la primera verdad, lo intentan.


TERCERA VERDAD:

3. La primera verdad es mentira


CUARTA VERDAD:

4. Estas sonriendo ahora porque eres uno de esos idiotas.


QUINTA VERDAD:

5. Ya estas pensando en mandar esto a otro idiota.


SEXTA VERDAD:

6. Todavía tienes esa sonrisa tonta en tu cara…



Disculpadme por esto, queridos blogueros...pero no me gustaba la idea de ser el único idiota de este planeta.

domingo, 14 de diciembre de 2008

Vuelo libre


Nunca fui pasional ni viajero, pero aquella azafata de la British Airways, cambió mi vida.
Mis constantes idas y venidas a Londres propiciaron una voluptuosa relación limitada a los 45 minutos que separan Ranón de Heathrow. En aquellos días, vuelo y fornicación fue todo uno, nunca me dieron miedo las turbulencias. Recuerdo la cara de perplejidad de la chica de “facturación” cuando- porfiado- insistía una y otra vez en instalarme en la última fila.
El trayecto se nos hacía corto. Apenas hablábamos, no había tiempo que perder, y, aunque manejamos mucho la lengua, mi inglés no experimentó mejoría alguna. Y es que con ella, liberado del cinturón, me sentía flotar, y en cada nube y a cada beso, tocaba el cielo con la mano. Fue la nuestra una relación intensa, aunque estrecha, obligados como estábamos a desahogar nuestra lujuria en el angosto servicio de caballeros. Un afecto explosivo, que, curiosamente, nunca pitó en los controles...
Pero esta arrebatadora pasión finalizó con su inesperado contrato por la Qatar Airlines. Nunca llegamos a despedirnos.


El otro día, - soñando-, se apagaron los motores del avión en el que viajaba. De la cabina del piloto, corriendo hacia mí, ella salió gritando: “Con las prisas, nunca tuve oportunidad de decírtelo: Te quiero”


Pero, en el último momento, me agarré con fuerza a las sábanas y todo quedó en un susto.


Para “ Porquero” y “ Noguera”, manantiales inagotables de inspiración.
http://desdelacatacumba.blogspot.com/ (8-12-2008)
http://jaimenoguera.blogspot.com/ (12-12-2008)

sábado, 13 de diciembre de 2008

...teléfono...mi casa...

Decía el filósofo suizo H.F. Amiel que la vida no es más que un tejido de hábitos. Pero en ocasiones, inesperadamente, surgen pequeños acontecimientos que rompen la monotonía . Espontáneos detalles que, como chispazos, iluminan nuestra existencia .
Hoy, despues de comer, a las 4 menos cinco, con el casco y las llaves en la mano, preparado para marchar al trabajo, sonó en mi casa el teléfono. Al otro lado de la línea, oí una voz femenina ,conocida y querida , que tras mi apresurado “¿diga?”, contestó:

- ¡¡Papi!!
- ¡Hola, cuca!, dime…
- ¿Papi?
- Sí, dime, dime…
- ¿Papi?
- Sí, cielo, soy papi, ¿me escuchas?
- Papi, te noto la voz muy ronca…
- Sí, tengo un gripazo horrible…
- Pero mucho, mucho…esa voz tan ronca…
- ¡Es para comeeeerte mejooooor…! Ya sabes, como el lobo del cuento…
- ¿Papi?
- Sí, Sara, por favor, ¡que tengo prisa!, dime, dime…
- ¿Sara?..¡Cómo que Sara! …¡Soy Cris!
- ¿Cómo? ¿Cris?, pero…¿ a qué número estás llamando?
- Eh…esto…al 363636
- No, no, estás equivocada, éste es el 363036, pero como a mí también me llaman “papi”,…bueno… yo… pensé...
- Sí... bueno… lo siento, supongo que esto le pasará a mucha gente…
- Sí, claro, es normal, esto le pasa a todos los papis que tienen hijas y a todas las hijas que tienen papis…
- Vale, papi, lo siento…quiero decir…eh… bueno, señor, lo siento mucho…
-No te preocupes Sara,…digo…Cris,…esto le puede suceder a cualquiera…

Y colgó.

No me creeréis, queridos blogueros, pero, tras la llamada, me quedó en el cuerpo una intensa flojera , un profundo desasosiego, una extraña sensación similar a vivir en un sueño. Y con el casco en una mano y el teléfono y el abrigo a medio poner en la otra, me sentí como el intérprete de una fábula surrealista.
Y si no fuera por la voz que me dejó esta maldita gripe, seguro que esta jovencita me hubiese contado sus problemas, sus alegrías, cómo le va con el novio, qué tal sigue en el trabajo…Y yo le hubiera hecho mimos, dado ánimos, enviado consejos y hasta, como es habitual, girado unos cuantos euros para compensar -¡fíjate tú!- lo caros que están en Málaga los libros, los cines y los restaurantes…

Sí, definitivamente, pienso que nos hubiésemos llegado a querer un montón.

También hoy, por supuesto, llegué tarde a trabajar.
Tordon
PD: ¿De que blog será "fan" la de la foto?