Siempre he sido un gran aficionado al deporte de las dos ruedas, tanto en la vertiente de tracción animal, (algún día os hablaré de mis experiencias como ciclista), como en la vertiente de tracción mecánica.Y hoy, en este día en el que Dani Pedrosa acaba de ganar el Gran Premio de Valencia del Campeonato del Mundo, es el momento adecuado para hablar de este mito de la velocidad, de esta leyenda homérica de los circuitos, de este héroe del asfalto.
Sí, héroe, porque como señala Sterne, “la temeridad cambia de nombre cuando se obtiene éxito y pasa a llamarse heroísmo”.
Sin embargo, si paramos un instante la moto y recordamos a los clásicos, estimados blogueros,nos daremos cuenta que ,-así como solo se necesita un instante para forjar un héroe-, se precisa una vida entera para edificar un hombre.
Así pues, amigos míos, podéis ensalzarle en los podios, regarle con espumosos cavas, acompañarlo de bellas azafatas y encumbrarlo al firmamento de los dioses del Olimpo, pero no olvidéis nunca, que tras esa oscura visera de competición, tan solo se encuentra un buen chico, un joven responsable que lucha por hacerse un hombre.










