Releí mi última entrada del viernes, (encasillada en la categoría “Madraza-Total”), y, temeroso de aburrir a las piedras y al bloguerío amigo, decidí que lo mejor era dar un respiro a mis actividades en esta frondosa algarabía blogosférica.Propósito, sin embargo, sustentado por un débil convencimiento, ya que semejante tregua (-trampa) solo contemplaba la breve pausa de unos pocos días.
Y aprovechando la frenética e ineludible presión laboral que en esas fechas soporto, pensé que ésta podría ser una excelente ocasión y una coartada tan buena como cualquier otra para alcanzar los mencionados fines.
Sin embargo, he de reconocer que en el breve lapso de tiempo en el que traté de alejar la nariz y la pluma de este bendito mundo, no he podido evitar la fugaz (aunque intensa) tentación de teclear alguna reseña sobre la seductora hoja en blanco que constituye la pantalla de mi portátil.
Por otra parte, resulta bien conocido que existen momentos en la vida de un hombre en los que dolorosamente se impone una actitud reflexiva, -introspección tan terapéutica como necesaria- y no he podido sustraerme al planteamiento de la siguiente cuestión:
¿Por qué demonios tengo que escribir en un blog? ¿Qué misterioso mecanismo me impulsa a trasladar a tan extraño formato parte de mis vivencias, alguna de mis ideas, muchas de mis dudas, mis emociones sensibleras, las ocasionales inquietudes, los fortuitos desasosiegos, las atolondradas incertidumbres…?
Y es que este interrogante, - puestos a ser ambiciosos-, podría hacerse extensivo a otro aún más amplio: ¿Por qué, en general, la gente escribe? ¿Cual es el mecanismo que nos incita a optar por este modo de expresión?
Y lo primero que llama la atención es que la respuesta- al menos para mí-, no resulta diáfana. Ni tampoco obvia. En absoluto.
Así pues, retorciendo la neurona- jacobino que es uno por naturaleza- y apelando a la propia sinceridad, he tenido que estrujar premisas intelectuales y raciocinios especulativos para elaborar un armazón medianamente coherente sobre el que edificar alguna conjetura sólida.
Porque a medida que avanzo en mis pesquisas, más cercana e inaplazable siento la necesidad de saber a ciencia cierta cuál es la motivación que me guía cuando me siento a escribir,-indefenso,- ante la proa de este extraño submarino que navega por el ciberespacio. E inmerso en esta tesitura, llega un momento-(además de jacobino, soy un poco obsesivo)- en el que hecho de desconocer el origen exacto de mi irreflexiva pulsión me incapacita para seguir tecleando letras y cargando palabras sobre la fornida espalda de acero de este virtual artilugio que se empapa bajo el grifo.
Está claro: No puedo seguir escribiendo si no obtengo una respuesta inequívoca a mis propios interrogantes.
Mi labor investigadora sopesó, pues, distintas hipótesis, alguna de las cuales, os enumero a continuación. Y lo hago, no con la intención de transmitiros el resultado de mis pesquisas - que supongo a nadie importan- sino con el bienintencionado deseo de facilitar una sencilla herramienta analítica que pueda servir de referencia a algún posible lector que se encuentre ante una incógnita semejante.
1.- HIPÓTESIS DE LA OCIOSIDAD:
En realidad, es la primera hipótesis que acude a la cabeza de los que nos observan desde un punto de vista ajeno a la blogosfera .Creen que actualizamos un blog porque estamos aburridos, porque no tenemos otra cosa mejor que hacer, porque necesitamos rellenar de alguna manera nuestro tiempo de ocio.
Pero, considero - en mi caso-, esta percepción como totalmente errónea.
Sensu contrario: Soy consciente de que tengo muchísimas cosas que me gustaría hacer y que no hago por falta de tiempo. Actividades profesionales (siempre interminables e inacabadas) o meramente lúdicas: Leer, visitar museos, ver películas (debo tener “atrasadas” en la memoria de mi ordenador unas 500), asistir a conciertos, hacer deporte…, y una infinidad de hobbies que nunca he podido practicar (o practicado con baja intensidad) por la imperiosa escasez de tiempo.
En ocasiones me sorprendo a mí mismo pensando antes de entrar en Blogger:
- “¡Dios mío, voy a añadir una entrada en el blog!… ¡Con la de cosas que tengo que hacer…!
Y sin embargo no me resisto a ese irrefrenable deseo de escribir algo, aún a sabiendas que, de ese modo, sacrifico otras alternativas no menos apetecibles.
Así pues, esta hipótesis, por incierta, queda momentáneamente descartada.
2.- HIPÓTESIS NARCISISTA:
Es otro de los argumentos habituales - por recurrente- en las críticas al mundo del blog.
…
Pero no puedo explicárosla también hoy, (tiempo habrá mañana), ya que todas estas hipótesis fueron surgiendo a lo largo de los días en los que yo me hacía la maldita pregunta que conforma el título de la entrada de hoy.
Y ya sabéis que - en aras de la precisión- soy muy escrupuloso con las secuencias cronológicas…
Así pues, “jacobino”, “obsesivo” y “escrupuloso con la cronología”…
Sí, mi abuela lo repetía a menudo: “Por la boca muere el pez”.



