Alguien comentó que intentar cambiar el comportamiento de un pervertido es como intentar sembrar en el mar, pero prefiero adherirme a la idea -más combativa- de un clásico como Virgilio que exhortaba: “No cedas frente a los malvados, sino oponte a ellos ardientemente”.
En eso estamos.
Y es que hay veces que uno, como en el tema que nos ocupa, siente vergüenza de pertenecer al género humano.