Se trata de Teresa Versyp, una belga afincada en Vic, escritora, licenciada en Física y experta en el campo de las partículas subatómicas.
Y es que ella, a orillas del Segre, más paciente que una santa, me explicó los endemoniados entresijos de la mecánica cuántica, una disciplina plagada de incertidumbres, indeterminaciones y partículas que se comportan SIMULTÁNEAMENTE como ondas (empíricamente demostrado), que poseen diversas trayectorias con la misma esencia y energía, una disciplina llena de paradojas que escapan al sentido común y, por tanto, al racionalismo de la física convencional newtoniana.
Uno de los experimentos más conocidos para aproximarse mentalmente a esta ciencia es el denominado “Gato de Schrödinger”: El Nobel austríaco metía un gato en una caja cerrada junto con un veneno letal. A continuación bombardeaba este veneno con una partícula cuántica, sabiendo que la posibilidad de desencadenar la reacción letal era de un 50%.Como la física cuántica admite ambos estados simultáneos de la partícula, el gato estaría A LA VEZ, vivo y muerto durante el experimento. Sólo se desharía el entuerto cuando un observador externo abriera la caja y “forzase” cualquiera de las dos opciones posibles. A esto se le llama técnicamente “Colapso de la función de onda”, y viene a decir -grosso modo- que la realidad solo existe en cuanto un observador la contempla.
Y este asunto, que parece baladí (algunos cambiaríais el gato por el comandante de este submarino) tiene grandes repercusiones en la filosofía de la existencia.
Es decir, que aunque vosotros creáis que estáis ahora leyendo estas líneas, tal vez estéis en otros mundos paralelos (Everett) leyendo el Marca o viendo Salsa Rosa.
Yo mismo tengo en ocasiones percepciones cuánticas: Unas veces me observo optimista y lleno de vida y otras- generalmente cuando salgo del gimnasio- estoy más muerto que el gato de Schrödinger.
Y también es muy probable que en la cruda realidad yo sea más guapo, alto, delgado y seductor de lo que vosotros me observáis, pero es que los blogueros vais a vuestra bola, colapsáis sin ton ni son y no me miráis con los adecuados ojos cuánticos.
En resumen, que somos cuatro gatos perdidos en un magma cósmico que ni tan siquiera comprendemos.
Más perdidos,- os lo garantizo-, que la virginidad de Lady Gaga o el carro de Manolo Escobar.
Más perdidos,- os lo garantizo-, que la virginidad de Lady Gaga o el carro de Manolo Escobar.
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Recibid un cordial abrazo y mi más sincero maullido.