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sábado, 9 de octubre de 2010

Adiós, cariño, adiós.

Por si no fuera suficiente que el día amanece nublado y triste, y que hoy me he despertado pesimista y sensiblero, Byron me recuerda que luchar contra el destino es similar al combate del manojo de espigas que quiere resistirse a la hoz.

Y por eso, cuando te contemplo desenredando el dorado cabello frente al espejo, no me resisto a acercarme en silencio, ceñir tu cintura y depositar en tu nuca el tibio beso de alguien que sabe que -inexorablemente- habrá una última vez.
Te vuelves y me sonríes, y –ajena a mi angustia- colocas con ternura tus labios sobre los míos, sin imaginar que tras mi caricia se esconde una melancolía infinita, una resignación contenida, una despedida anticipada.


Y que respondo a tu beso como si fuera la última vez…



Dedicado a M., la chica de mis sueños.
Y también a Luna, que en su última entrada nos mostró la crueldad del destino.


PD: Un achuchón muy fuerte a todas las blogueras y un abrazo inusualmente sentido a todos los blogueros.
Por si acaso, nunca se sabe.