
“Intelligenti pauca”,- decían los clásicos.
Que traducido al bable sería algo así como :”Cuando una cabeza se encuentra bien amueblada, le sobran la mayoría de las explicaciones”.
O como resume la sabiduría popular: “A buen entendedor, pocas palabras bastan”.
Pero yo debo ser bastante zoquete, puesto que cuando trato de adivinar cuál es mi lugar en el etéreo ranking de listuras y necedades, se me embotan los sentidos y por más que lo intento, no consigo concluir nada definitivo.
Y recuerdo a un colega que aseguraba que la inteligencia es algo que resplandece al contacto con las dificultades, algo como un fósforo que se enciende al ser frotado contra una superficie áspera.
Y yo no solo froto la cabeza contra la pared, sino que en ocasiones la golpeo con entusiasmo, a ver si de ese modo se espabilan las neuronas y logro sacar algo de provecho…
Y es que cuando era un crío – (ayer, como quien dice… ejem, ejem)-, las cosas resultaban más sencillas. Las dudas se resolvían de manera simple, generalmente con un comentario realizado por alguien cercano (generalmente tu abuela o tu tía ) que rápidamente te etiquetaban y te sacaban de dudas: “Este niño es listísimo”,- decían nada más verte.
Si la tía provenía de la aldea, la cosa sonaba así: “¡Mira qué espabilau ye esti güaje!”.
Y si no eras una lumbrera, se limitaban a guardar un prudente silencio...
(Caramba, ahora que lo pienso, creo que mi familia nunca me habló demasiado... )
Pero bueno, a lo que íbamos, con esas exclamaciones la cosa era más que suficiente: Tú te quedabas tan tranquilo y los que te rodeaban, también.
Pero ahora, -que los tiempos han cambiado una barbaridad-, los test psicológicos que me traen mis hijos del cole, contienen reflexiones tales como: “Posee una alta capacidad de Inteligencia Interpersonal, pero manifiesta ciertas lagunas en su Inteligencia Cinestésica; y aunque progresa adecuadamente en la adquisición de su Inteligencia Naturalista, debería manejar con suma prudencia su irreflexivo Pensamiento Lateral…”
-¡Coño, debe ser grave!- es lo primero que piensas.
Y, tratándose de tu hijo, te invade una cierta congoja al pensar que tu vástago,- al que, por otra parte, ves tan sano y tan normalín-, pueda estar padeciendo alguna patología encubierta, alguna enfermedad que le haya pasado desapercibida a su madre, al pediatra e incluso a ti mismo.
Y ves al pobre crío, ahí sentado, tan pancho, tan concentrado matando marcianitos frente a la pantalla, que te parece imposible que tenga todo eso de la cinestesia y del pensamiento lateral, pero, por si las moscas,-¡nunca se sabe!-, te aplicas como un loco para informarte a fondo sobre estos novedosos conceptos educativos, estas elucubraciones que llenan las aulas de profesores especializados y las almas paternas de dudas.
Aunque en el fondo, más que el niño sea listo, lo que realmente te preocupa es que no sea “candorosamente estúpido”, (esa cualidad tan extendida por el orbe), que no se vea afectado por esa plaga que, visto lo visto, es más contagiosa que la gripe porcina…
¡Profilaxis, Tordon, profilaxis!, te repites angustiado mientras reflexionas sobre el escabroso asunto.
Pero como la ocasión la pintan calva, aprovecho mi proximidad geográfica con el “Séxtuple Campeón Mundial de Cálculo Mental”,-( el señor Coto, un asturiano de Langreo que, tras Leti y Alonso, constituye uno de los valores en alza de la cantera mediática astur) -, para indagar sobre el tema.
Y si este tipo es capaz de sumar 100 dígitos en 19 segundos, y posee un Guinnes calificado por los expertos como un “logro en el límite de lo humano”, deduzco que algo sabrá sobre el tema que hoy me preocupa.
Aunque, por mucho que me devano los sesos, no le veo yo aplicación práctica– a no ser con la lista de la compra en la Caja del Hipercor- para esa su portentosa habilidad.
Pero esa sería otra cuestión, y a mí lo que me preocupa es lo de la inteligencia de mi hijo, e incluso lo de la mía propia.
Parece ser que el que comenzó a liar la madeja -hace 25 años - fue Howard Gard con su “Theory of Multiple Intelligences”.
Porque, aunque no tengamos ni idea, - ¡asombraros, estimados blogueros!, -nuestra humilde persona alberga al menos ¡8 tipos distintos de inteligencia!
¡Quién lo diría!
La primera de ellas es la LOGICA-NUMÉRICA, es decir, la capacidad de entender y trabajar con números.
Esta modalidad, -(en la que Coto “ye el putu amu”)- es la que generalmente utilizamos para gran cantidad de cosas rutinarias, por ejemplo, para que nos cuadren las cuentas a final de mes. También es la base de esa rara habilidad que algunos superdotados poseen para calcular y comprender el recibo de la hipoteca.
Sí, en efecto, lo habéis adivinado, hablo de ese puñetero papelillo que todos los meses nos manda el Banco y que, por mucho que le apliquemos el nuevo Euribor- , nunca baja…
Pero también utilizamos el talento numérico para otras cosas importantes, como jugar a las cartas y calcular el número de horas que pasamos contemplando las musarañas frente a la pantalla del ordenador.
¡No sé cómo podríamos vivir sin este tipo de inteligencia!
Algunos individuos excusan la nula utilización de esta “variedad inteligente” alegando que “son de letras”, pero todos sabemos que esa afirmación es una vana disculpa para justificar el lamentable hecho de necesitar la calculadora cuando van al kiosco a comprar el periódico, especialmente cuando su mujer -solo por fastidiar y para liarle más los cálculos- les pide por favor que les traiga el “Hola” y un paquete de chicles.
Concluyen los expertos que este tipo de inteligencia se localiza en el hemisferio izquierdo del cerebro, que, mira tú por dónde, dicen que es el hemisferio dominante en el sexo masculino.
Por lo que, pensando en las lectoras de este blog, no me parece oportuno ahondar en las conclusiones pertinentes que pudieran derivarse de esta singular ubicación.(¡Tranquilas, chicas, no se puede ser buenas en todo!)
La inteligencia Lógico-Numérica se puede potenciar de forma sencilla: Un método bastante asequible y altamente recomendado es cantar repetidas veces la tabla de multiplicar.
La ducha o “bajo la lluvia” son buenos sitios para practicar.
También se pueden aprovechar para el entrenamiento esos días en los que salimos a cenar con la señora y una pareja amiga: Hay que adivinar cuanto tenemos que pagar cada uno, considerando que el importe total son 100 euros , que las mujeres no pagan y que los cafés y los chupitos son por cuenta de la casa.
¿No sería una pasada? ¡Sin utilizar la calculadora del móvil!
Tu amigo, a buen seguro, te mirará de otra forma a partir de entonces…
Otro tipo de ejercicios recomendados son los del estilo de “Lucía tiene un hermano llamado Carlos; Carlos tiene tantos hermanos como hermanas; Lucía tiene el doble de hermanos que de hermanas ¿Cuantos chicos y chicas hay en la familia?”
La respuesta es fácil, y solo necesitas- como yo- un par de fines de semana a tiempo completo para concluir que son 4 chicos y 3 chicas.
Pero como esto de las matemáticas nunca fue mi fuerte, prefiero indagar en otros aspectos de la inteligencia que me sean más favorables.
Por ejemplo, creo que voy a dedicarme a estudiar otra modalidad – (que nos afecta mucho a los blogueros, ya que trata del uso eficaz de las palabras, tanto si eres lector o escritor)- que es la INTELIGENCIA LINGÜÍSTICA-VERBAL.
Pero no nos pasemos de listos, descansemos la neurona y dejemos este apartado para mañana, que hoy ya es muy tarde…
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PD: Releo lo que escribí ayer noche y compruebo que la entrada consta de ¡150 líneas! Esto me parece una auténtica barbaridad, un abuso de confianza, un ladrillo obsceno, una inexcusable invasión de vuestra intimidad, una arbitrariedad imperdonable, un delito trufado de nocturnidad y alevosía.
Y es que a esas horas me da por apretar el gatillo y se me va la pinza y también la pluma.
¡Pido disculpas!