Una de las cosas que llama la atención del viajero cuando visita los arenales saharianos, es el descubrimiento de una solitaria planta que crece en medio del agostado paisaje. Al contemplarla, su presencia sorprende por lo inesperado. Es como una aparición, como un verdadero milagro de la naturaleza.Se trata de la "Calabaza Egipciaca", también denominada "Manzana de Sodoma". Es una planta Magnoliophyta, de la familia Apocynaceae del género Calotropis, perennifolia, hermafrodita, de corteza suberosa, hojas oval-elípticas ligeramente acuminadas, sésiles, amplexicaules, recubiertas por un tomento glabrescente , algodonoso, pubescente y puberulente.
El peciolo, contra todo pronóstico,"ye normalín".
Vamos, que para lo que yo entiendo de plantas, sería "un arbolín verdoso".
Sin embargo, esta planta es respetada sin excepción por roedores, camellos, chacales, insectos y demás fauna desértica. Incluso es intocable para la langosta, esa plaga capaz de pelar una palmera en treinta segundos.
¿Cuál es su secreto de supervivencia? Al parecer, su savia contiene una sustancia fuertemente tóxica que la hace intocable.
Y yo, deseoso de aprender de la madre naturaleza, me pregunto si los humanos no tendríamos que alojar en nuestras venas un poco de "mala leche" para protegernos así de nuestros congéneres caníbales.
Aunque, hablando de Sodoma, más que de que no me coman, estaba yo pensando en protegerme de otra cosa…




