lunes, 12 de enero de 2009

Impotencia masculina

Existen momentos en la vida de un hombre en los que resulta inevitable cuestionarse la propia valía, dudar de uno mismo y admitir que los años no pasan en balde.
Hoy, fue uno de ellos.
Al principio, todo iba bien; noté que mis músculos se desperezaban lentamente y que mi organismo comenzaba a entrar en calor. Pero sentir la cercanía de aquellas piernas esbeltas y fibrosas y aquel aliento perfumado tan próximo, hizo que yo, (como haría cualquier hombre), redoblara los esfuerzos. Transcurridos pocos minutos, comprendí que el cuerpo no seguía a la mente:
-Esta chica es demasiado joven- pensé para mis adentros
Pequeñas gotas de sudor comenzaron a cubrir mi frente, y en la estancia,- cerrada y con poco luz-, resonaban los jadeos. Y fue en aquellos angustiosos instantes cuando sentí,- como losa opresiva sobre el diafragma-, el cercano Roscón de Reyes, el cava, los mojitos y los Polvorones de la Estepeña.
Ella, sin percatarse de mi verdadera agonía, susurraba de vez en cuando:
-¡Vamos, ánimo!
Mi resuello ya era escandalosamente ostensible, el corazón latía a una velocidad inusitada, pequeñas punzadas se clavaban en la espalda y yo, tratando de disimular los ahogos, ponía todo de mi parte para no desfallecer.
Pero ella, sobrada de juventud y arrestos, no cesaba de azuzarme:
-¡Más deprisa, más deprisa!
Mi orgullo varonil estaba ahora en entredicho y sacando fuerzas de flaqueza apuré hasta la última de mis energías para no decepcionarla.
Sin embargo, mi eficiencia no debía ser la esperada, ya que, de sopetón, me gritó:
-¡Déjalo, déjalo! ¡Otro día lo harás mejor…!
Y sin contemplaciones, me arrojó la toalla que permanecía doblada sobre una de las barras de la cinta de correr.
-Toma, sécate el sudor.
-No es sudor, son lágrimas- contesté yo compungido.
Y mientras me desmoronaba sobre el banco de abdominales, pensé en lo duro que era el “footing indoor” y lo crueles que se mostraban las monitoras de mi gimnasio.
Y poco respetuosas con las canas.

viernes, 9 de enero de 2009

Eutanasia juvenil

Ayer, una de mis hijas- universitaria-, en un arranque de emotividad y mirándome fijamente a los ojos me suplicó:
-Papá, nunca me dejes vivir en estado vegetativo, nunca permitas que para sobrevivir dependa de máquinas y sueros. Si me ves en ese estado, por favor, desenchufa todos los artefactos que me mantengan viva…

Con lágrimas en los ojos, asombrado y orgulloso de su madurez, me encogí de hombros y le desenchufé el televisor, el DVD, la TV por cable, Internet, el portátil, el mp3, la PSP, la Wii, el cargador del móvil y el iPod.
Y, por aquello de los sueros, también puse fuera de su alcance todas las cervezas.


¡Qué constructiva es la sincera comunicación paterno-filial!

martes, 6 de enero de 2009

¡VIVA (el) CUBA LIBRE! (2)

Estimado amigo:
Podría hablarte de los guanajatabeyes y su cultura mesolítica; de los 300 de Diego de Velázquez y cómo quemaron vivo al cacique Hatuey en Bayamo; de los criollos y su sincretismo hispano-esclavista; de los corsarios, bucaneros y filibusteros del siglo XVIII; de Martí, héroe nacional, de Maceo, de Batista y de los Barbudos; de la misteriosa salida de la isla del Ché en marzo de 1965, 8 meses antes de que se constituyera el Comité Central del nuevo PC de Cuba.
También podría hablarte de la Santería, los orishas, los oráculos y las sobrecogedoras sensaciones que experimenté al contemplar cómo se entierran gallinas vivas a orillas del río Almendares; del ron, de la quema de campos previa a la recolección de la caña de azúcar; del tabaco, “esa hoja india, consuelo de meditabundos, delicia de soñadores arquitectos del aire, seno repleto de fragancia de ópalo alado”; de los estilos arquitectónicos de la ciudad de la Habana y de su amarga decadencia.
Podría también hablarte de la pintura guajira; de la poesía afrocubana de Nicolás Guillén; de los alegatos contra la esclavitud del prusiano Von Humboldt en 1800; del “Proust del Caribe”, el poeta José Lezama; de la nostalgia del escritor Reinaldo Arenas; de las chicas de Zoé Valdés y su erotismo “a la cubana”; de las andanzas del autor de “El viejo y el mar” en Cojímar, de La Bodeguita del Medio, del hotel “Ambos Mundos”….


Pero solo te hablaré de una cosa:
“Hemingway´s Special”:
2 cl. de ron, una cucharada de zumo de pomelo, el zumo de medio limón, una cucharada de marrasquino y hielo picado. Mezclar.

Y después de agitarlo bien, haz como los cubanos: Escucha un poco de “salsa”, bébetelo y no preguntes nada más.

lunes, 5 de enero de 2009

¡VIVA (el) CUBA LIBRE!

En el principio era el Paraíso…

Perjudicado por las altas temperaturas de las playas caribeñas, así como por la elevada graduación de las bebidas refrescantes de la zona, aquí me encuentro, estimados blogueros, postrado frente al teclado y aquejado de un agudo e insufrible síndrome post-vacacional.
A orillas de Varadero, el mundo dejó de ser para mí, por unos días, un campo de batalla y se convirtió en un paraíso de retorno a la infancia donde el jugar, divertirse y caminar descalzo, recobraron su significado real.
En otras palabras, y resumiendo, que resulta extenuante no hacer nada, y aunque traté de aminorar los daños de esta desaforada actividad exponiendo al sol los Cuentos de Dostoievski, solo conseguí que el pobre ruso,- acostumbrado a la tundra siberiana y a pesar del ungüento de protección 50-, quedase "más-quemao-que-la-moto-un-hippie”. También la pintura flamenca del Renacimiento se reblandeció entre las páginas recalentadas del magistral ensayo de Todorov. No le fue mejor al Nóbel Pamuk, cuya prosa,- suelta y dispersa- (“Otros Colores”), se me antojó producto de una inoportuna diarrea tropical-estambulí.
Sin embargo,- y muy al contrario de lo que cabría esperar con tan volcánicos estímulos-, mi mente se enlenteció, se tornó obtusa, pastosa, anquilosada, llena de humo de Cohibas y menta de mojitos, y aunque confiaba en que los míticos “Daiquiris-Hemingway” de La Floridita me aclararan las ideas, éstos solo me espesaron aún más la sangre, me tupieron las arterias, me durmieron los nervios, hicieron que la apatía rebosase por todos los poros de mi cuerpo y que los escasos escalofríos obtenidos solo se lograran con esa incomprensible manipulación que el maligno realiza sobre el aire acondicionado.
Acondicionado para los pingüinos, supongo.
De cualquier forma, ahora, sacudiéndome la arena, digiriendo el retorno, mascando el cambio horario, llorando ante fotos y folletos, me asfixio entre la evocación de tan cercanos recuerdos, y solo me queda el respaldo de un acendrado estoicismo y una severa formación espartana para tratar de hacerme fuerte y luchar contra los amargos tragos (¿he dicho tragos?) que la vida me envía.
Pero no quiero abrumaros con mi melancolía y mi nostalgia infértil: Nada en mi vida, pues, tiene ya sentido y tan solo espero el bálsamo de una caritativa palabra de aliento.


En el principio era el Paraíso…

domingo, 4 de enero de 2009

domingo, 21 de diciembre de 2008

Es lo que hay


¡Os echaré de menos!

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sábado, 20 de diciembre de 2008

Se armó el Belén (y II)

En Navidad, el mayor motivo de disputa en mi casa, es la colocación del Nacimiento. Siempre tengo bronca con mis hijos, y aunque hago firme el propósito de que esto no suceda, todos los años –inevitablemente- los problemas se repiten.
Vamos a olvidarnos,- ¡les hace tanta ilusión!-, de que para sacar tres cuadraditos de musgo, mis hijos levanten 100 m2 de jardín y lo pongan todo hecho un asco. Esto es solo el inicio de la confrontación, pero es “pecata minuta” en relación al resto.
Para empezar, tenemos el problema de las tallas. Por un extraño motivo, todas las figuritas del Nacimiento se recogen, año tras año, -haciendo caso omiso a la época en la que han sido adquiridas- en la misma caja de cartón. Y así, podemos observar a un Melchor gigante al lado de un Gaspar enano y un Baltasar que no le llega ni a la rodilla al camello. Porque, claro, -además-, por esa inevitable y no escrita ley de Murphy Navideña, siempre le toca el camello más canijo al Mago más alto.
Después viene el problema de la congruencia cronológica: Les tengo dicho mil y una veces que no quiero ver en medio de tan bucólico escenario a los dinosaurios y a los Clik de Famobil .Intento explicarles que esas figuras confieren al Nacimiento un toque surrealista y anacrónico. Pero como si nada: Ahí están, año tras año, como verdaderos guardianes de los tiempos pasados y futuros.
Pero lo peor viene al segundo día, que es cuando yo comienzo a ponerme de los nervios, a fruncir el entrecejo y a preguntar en voz alta: ¿Era, por casualidad, Galilea una región especialmente sísmica? No sé cómo, ni por qué, (quizá le aticen con la aspiradora o haya muchas corrientes de aire en mi casa)- pero el hecho cierto es que el Nacimiento se convierte, como por ensalmo, en un verdadero campo de batalla: Y así, los pastores, en vez de cuidar las ovejas,- tal y como de ellos se espera-, aparecen todos durmiendo la siesta sobre el musgo. Tumbados a la bartola, -¡tan tranquilos, oye!-, mientras sus descarriadas ovejas andan perdidas por los cerros de corcho. Eso sí, los tíos no sueltan el cayado ni para dormir…
Aunque en esto de los terremotos, la figura de más alto riesgo es sin duda el angelito que extiende sus alas sobre el Portal. Se lo tengo dicho una y mil veces: ¡Usad lo que queráis, aunque sea Loctite, pero no quiero ver más al angelito montado a caballo sobre la vaca! Es que esta desubicación me pone los pelos de punta, le da al conjunto un aire tan anarco-irreverente que no lo puedo soportar, me sienta fatal a la vista…
Y ellos, como si nada, ni el más mínimo caso…
Pero la cosa no queda ahí. El aguerrido soldado, vencido bajo el peso de la lanza y el escudo, permanece de bruces con la cabeza semisumergida en ese típico arroyo de papel de plata que todo “creativo” que se precie trata de incorporar al paisaje.
Y ahí, con el ejército romano haciendo aguas, medio ahogado, es cuando a mí ya me entran ganas de llorar…
E imagino tan intensa la actividad geo-sísmica de la zona, que parece que hasta el riachuelo se haya visto desbordado con las últimas lluvias y así, los cisnes ,-que plácidamente se deslizaban sobre él el día anterior-, aparecen patas arriba en el fondo del barranco en compañía de tres ovejas, una gallina, una señora lavando y el perro del pastor.
-¡Esto no es un Nacimiento, esto es una merienda de negros, leñe!- me desgañito sin que me hagan ni puñetero caso.
-¡Bueno papi, “buen rollito”, que es Navidad! -me contestan
-¡Mecagüen…!


Y lo peor de todo es que, allá por Semana Santa, cuando ya me da vergüenza, me toca recoger el árbol, las bombillas de colores y las figuritas del Belén.
En la misma caja de siempre y sin clasificar por tallas, por supuesto.