Año tras año,-monserga recurrente-, se manifiestan signos inequívocos de que el verano toca a su fin y que los fríos se acercan. Uno de ellos es, en mi caso, el comienzo de la temporada de Ópera en Oviedo, evento cultural que inició sus representaciones el pasado sábado.Asistí – traje, corbata, zapatitos de charol- a “L´Incoronazione di Poppea”, obra estrenada en 1643 en el Carnaval de Venecia, con música del maestro Monteverdi y un libreto de Busenello basado en los “Anales” de Tácito.
La historia es como sigue: Otón, un funcionario imperial (cabreado por la bajada del 5%) está perdidamente enamorado de Poppea, una chica de clase media cuyo currículo se exhibe fundamentalmente a ambos lados del esternón y en la parte baja de la espalda.
Nerón, que es un lince en el tema de los recursos humanos, ficha a la bella como secretaria personal. No queda claro si la muchacha está recíprocamente enamorada del César o solo desea el Ferrari que el monarca tiene aparcado frente al Capitolio.
Sea como fuere, Octavia, la señora de Nerón, harta de que su marido se pase las horas muertas tocándole la lira a Poppea, encarga ¡a Otón! que la asesine mientras ella duerme. Al pobre muchacho -tontorrón enamorado- le tiembla el pulso en el último momento y le cazan con el cuchillo jamonero en la mano.
Conclusión: Otón y Octavia al destierro, Nerón jugando con el mechero y Poppea conduciendo el buga de Maranello.
Moraleja: Los guapos siempre encuentran trabajo antes que los demás.
No, so listos, yo no estoy en el paro.
PD: Mientras agotaba mi mente en este esfuerzo intelectual, los blogueros de la zona (Luigi, Dae, Soli, Congui, Ironman y Cía) agotaban las existencias de los chiringuitos mateínos.
¡Así va el país!