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jueves, 11 de junio de 2009

Inteligencia, divino tesoro (4)

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INTELIGENCIA EMOCIONAL .
“Decíamos ayer…” que esta modalidad se refiere en gran medida a la relación con nosotros mismos; es la que nos permite manejar las propias emociones, el control de nuestro pensamiento, la comunicación con nuestro yo más íntimo.
Aseguran los expertos que la variedad emocional (o intrapersonal) es la que posee un mayor peso específico para lograr los objetivos marcados en la vida y que, por tanto, resulta de capital importancia para alcanzar la felicidad.
El asiento de esta inteligencia parece residir en los lóbulos frontales: En la zona inferior se concentrarían las sensaciones de irritabilidad y euforia, mientras que en la zona superior lo harían las sensaciones de indiferencia, languidez, apatía y depresión.
Y todos sabéis que existen días en los que -aunque estés contento- no te apetece hacer nada. Supongo que entonces,- recordando la localización de tales emociones- la frente echará humo.( Lo comprobaré cuando me entre la vagancia, aunque , llegado el caso, me dará pereza realizar un test sobre mis propios hemisferios).

Y la pregunta clave: ¿Cómo mejorar la inteligencia emocional?
Se recomienda comenzar con una identificación de objetivos, continuando con una planificación a corto y a largo plazo. También es recomendable escribir un diario y tratar de adquirir obligaciones para así ayudar a los que te rodean.
Y yo, deseoso de potenciar esta faceta emocional en mi vida, me obligo a escribir en este blog, con lo que mato tres pájaros de un tiro: El de la planificación, el del diario, y el de ayudar a los demás. (A ejercitar la paciencia con el prójimo…)

Pero tampoco hay que forzar la máquina emocional, la paciencia ajena tiene un límite, y yo hace tiempo que he sobrepasado con creces las preceptivas “15 líneas” que son aconsejables para la entrada de un blog…

Además, con los sobreesfuerzos, es posible que el cerebro se pueda dislocar como lo hace una pierna.

Nunca se sabe.

Y no es cuestión de correr riesgos innecesarios.