
Los pollos de “La Teyera” son un caso especial. Son pollos limítrofes, borderline, confusos, ambiguos, despistados, todo el día saltando de un lado a otro del corral, pasando de Mieres a Langreo y viceversa. No es de extrañar, pues, que busquen el cálido y disperso reposo entre el arroz de la cazuela de Dorina.No dándonos por enterados, ajenos a tamaña tragedia, y para acallar la picazón de la conciencia y del embutido casero, degustamos los callos caldosos de la casa, que, como todo lo demás, estaban para perder la fe.
Y a punto estuvimos también de perder la "esperanza" en una profusa hemorragia nasal, aunque el aluvión se detuvo a tiempo de no salpicar los canutillos, el arroz con leche y el orujo de 96 grados, que actuó de coagulante.
Al final, recuperamos la cordura con la miel de nogal de las infusiones, una miel que - aseguró la doctora- es buena para templar el estado de ánimo y curar la verborrea.
Y tras pitos y chupitos, sin nada más que cantar, sorteando curvas, neblina y tinto de cumbres, llegamos a la meta con Hamilton, que, tras unos dramáticos instantes, vivió en la misma incertidumbre que los confundidos pollos de “La Teyera”.