Porque cuando se trata de asegurarse la vida eterna,-y esta señora lo entendió bien- no debe darnos miedo gastarnos la pasta, el cielo es una buena inversión, y en estos temas hay que evitar los jueguecitos, no sea que, al final, lo barato nos salga caro.
Ajenos a los asuntos de Más Allá, aprovechamos los ovetenses este día para dar buena cuenta del “bollu preñau” (inmenso bocata relleno de embutido) al que sumamos- por aquello de la deshidratación- un abundante trasiego sidrero. Los menos nacionalistas- como el que suscribe- sustituimos los zumos de manzana por los de la Rioja o los de la Ribera de Duero.
Pero existen momentos en la vida de un hombre en los que, como si de una conjunción astral se tratara, se acumulan los eventos, emergen los pasmos, brotan las sorpresas, y así, -carambola celeste o puro azar- quiso el destino que tres habituales blogueros de este submarino coincidieran ese día sobre la campiña astur: La señorita Solitaria, el Sr. Anomomius y el Sr. Tordon.
Y para que no me llaméis mentiroso y comprobéis que no todo es fruto de mi imaginación, ahí os dejo el testimonio gráfico de tan memorable encuentro, si bien, por motivos de privacidad, no pienso especificar la identidad de cada uno de los interfectos.
Y me remito a vuestra sagacidad sin límites, a vuestra alma de detectives-sosías de Holmes- para que halléis la resolución a tan colosal enigma.
¡Hala, so listos, a ver si adivináis quién es quién!
PD: Perdonad, estimados blogueros, mi desfase temporal en la narración de los hechos, pero es que estoy aislado en un recóndito lugar sufriendo las limitaciones de una intensa deprivación tecnológica.
Pero de esta experiencia mística, os hablaré mañana.