Un buen amigo mío,- afamado dermatólogo-, muy preocupado por la crisis, acudió a un curso de “Coaching Empresarial para Médicos” con la idea de adaptar su clínica a la preocupante situación económica actual. En él –perplejo- escuchó documentadas ponencias que versaban sobre la ignorancia supina del colectivo médico en aspectos de gestión y mercadeo:-”Se empeñan ustedes en llamar “pacientes” lo que simplemente son “clientes”; son ustedes buenos científicos y confían en su prestigio, pero, a poco se descuiden, acabarán cerrando sus clínicas”
Más asustado que convencido, mi amigo contrató una empresa de marketing para que le orientaran en la mejor manera de mejorar su actividad y lograr el deseado éxito profesional.
Toda una semana duró la exhaustiva inspección, y en ella le revisaron instalaciones, proveedores, albaranes, protocolos clínicos, la música de sala de espera y hasta el color de su bata. Pero, al fin, llegó la ansiada evaluación:
-Doctor, su práctica profesional es notable, su formación académica extraordinaria y sus instalaciones se encuentran a un gran nivel. Pero su verdadero problema radica en la chica que tiene en Recepción. Lamentablemente tendrá usted que ir pensando en despedirla….
-Pero- se apresuró a objetar el galeno-, Carmencita lleva conmigo toda la vida, le tengo mucho cariño,… yo no podría….
-Si de veras pretende Vd. mejorar su negocio, deberá seguir nuestras instrucciones- le respondió el experto: Esta chica es seca con los pacientes, antipática a veces, jamás sonríe, se atropella al hablar por teléfono, es un desastre dando citas y , para colmo , ni siquiera posee el mínimo atractivo físico que el puesto requiere…
Mi amigo, compungido, se apresuró a llamar a la recepcionista al despacho .Una vez allí, le susurró con cariño:
-Carmen, a partir del lunes, ya no vendrás a la clínica; nuestros hijos,-adolescentes-, necesitan en casa más que nunca la presencia de una madre.