Cuentan que los generales romanos, cuando volvían victoriosos de sus campañas por el imperio, eran recibidos como auténticos dioses. A su entrada a la ciudad de Roma, la multitud les aclamaba mientras desfilaban sobre sus carros relucientes. Solo existía un requisito inexcusable: A sus pies, acompañándoles en todo momento, se encontraba un esclavo que durante el recorrido iba repitiendo sin cesar: “Recuerda que sólo eres un hombre, recuerda que solo eres un hombre, recuerda…” (*)
Y hay momentos en la vida en los que surge algún detalle que nos descabalga del pedestal, que nos suministra una dosis de humildad, que nos apea de la cima de nuestra grotesca prepotencia.
Mi “esclavo particular” apareció hoy en la llamada telefónica que una de mis hijas me hizo desde Madrid:
-Papá, me ha comentado un amigo mío,- arquitecto famoso que reside aquí-, que te ha hecho un comentario en el blog. No sé qué te habrá escrito, pero ten en cuenta que este señor es chino y no domina muy bien el español. Se llama Dr. Zheng.
-¿ Zheng.? ¿Has dicho Zheng?- acerté a contestar.
….
Es decir, queridos blogueros, que ya sabemos lo que me toca:
Estimado Dr. Zheng:
Si por algún casual usted volviera a considerar la remota posibilidad de dignarse a leer las mamonadas que campan a lo largo de este ridículo blog, le ruego encarecidamente que acepte mis más sinceras disculpas, ya que, por un estúpido malentendido, pensé que su comentario era una broma.
Le ruego no tenga en cuenta mis zafios comentarios en respuesta al suyo, mi estulticia tan solo superada por la atrevida ignorancia que rezuman todos y cada uno de mis poros, así como la falaz palabrería con la que tuve la osadía de contestar a su acertada reflexión. No piense Vd. que el resto de las españoles, (y los ovetenses en particular) comparten mi tosca e ineducada verborrea y que mis groseras maneras son extrapolables al resto de la población del país.
Reiterándole mis disculpas y solicitando su perdón, reciba un cordial y avergonzado saludo
Tordon
(*) Aunque todos los que transcribimos esta anécdota insistimos en la expresión de “Recuerda que solo eres un hombre”, lo que los siervos decían textualmente era: “Cave ne cadas” (Cuida de no caer).
