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miércoles, 4 de marzo de 2009

Amantes jabonosas

Dicen que los “lapsus linguae” son reflejos del subconsciente.
En la rueda de prensa que nuestro Presidente de Gobierno realizaba ayer tras su reunión con su homólogo ruso Medvedev, se sirvió de esta frase para ensalzar las virtudes del acuerdo sobre el fomento del turismo:
“Este acuerdo sirve para estimular, para favorecer, para FOLLAR…, para apoyar ese turismo”. (No es broma, podéis verlo en
http://www.youtube.com/watch?v=ukRqLeiupCc&NR=1 )
¿Para follar? ¿Pero en qué coño, -nunca mejor dicho-, estaría pensando?
Pero las cosas vienen desde antiguo. En el año 300 a.C., el rey de Macedonia, Demetrio I, echó el ojo a una belleza llamada Lamia, una famosa cortesana de la época. La chica, que era puta pero no tonta, exigió al monarca por sus servicios profesionales, la astronómica cantidad de 240.000 euros.
El rey, calculando en dólares macedónicos, comprobó que la cifra excedía incluso sus posibilidades, y echó mano de esa socorrida solución que suelen utilizar los políticos que es la de subir los impuestos .De este modo, gravó con un impuesto especial las transacciones realizadas con el jabón.
La historia no lo especifica, pero es de suponer que de la coyunda resultante, más que chispas saldrían pompas…

Y volviendo al principio: ¿Por aquello de distraerse de la crisis, no le dará a Zapatero por liarse con alguna?
Sí, lo tengo decidido: Mañana iré al Hipercor y llenaré el carrito de geles y champús.
Porsia.

PD: Se acercan inexorablemente las fechas en las que tengo que impartir cursos en Madrid y conferencias varias. (Asuntos profesionales, nada serio).Y como he practicado la consabida tradición hispana de los malos estudiantes y lo he dejado todo para el final, ahora me veo irremediablemente obligado a aparcar el submarino en el fondo de la bañera por una temporadita.
Miradlo por el lado bueno y pensad en la cantidad de tiempo que ahorraréis al no tener que leer y comentar mis soporíferas entradas.
Pero, ¡ojo al dato!: Peleguán, Merillein, Bella Rae, Mega-Silvo, Mama-rín, Doctora Laura, Isbela de Miedomedás, Libidinosa Livy, Momius, Superwoman, Buscador de Milhadas, Admiradora del blog, Hécuba, Mamotos, Sulfuroso Porquero, Nebroa, Mencía, Topilla Lawrence, Noguera…: ¡Cuidadín con lo que ponéis, porque -en la tristeza de mi lejanía- continuaré leyéndoos!

miércoles, 12 de noviembre de 2008

Príncipes, prepucios, precipicios


La Historia nos presenta a Luis XVI como un hombre simple, timorato, titubeante, desmayado, tímido, apocado, vacilante, zamborotudo e inseguro, siendo tal su incapacidad para tomar decisiones que sus contemporáneos le apodaron como “El Lento”.
Sentía cariño por su joven esposa, la delfina Maria Antonieta, pero su falta de pasión y su manifiesta apatía sexual no era el lógico reflejo de una mente poco excitable, sino que se debía a un defecto orgánico inhibidor: Padecía fimosis.
Esta disfunción del monarca no es mera especulación, y en un informe del Embajador de España en Francia, se puede leer textualmente:
“El frenillo sujeta tanto el prepucio, que no cede a la introducción y causa vivo dolor en él, por lo cual se retrae S. M. del impulso que conviene. Se supone que dicho prepucio está tan cerrado que no puede explayarse para la dilatación de la punta o cabeza de la parte, en virtud de lo cual no llega la erección al punto de elasticidad necesaria.”
Pero ya dijimos anteriormente que el rey era bastante miedoso, y ese insuperable temor a la sencilla operación que eliminaría sus tormentos, prolongó durante siete años la humillación de Maria Antonieta. Humillación como esposa y como mujer, una afrenta que trató de compensar la joven austriaca con bailes de máscaras, fiestas, recepciones, un poco de desenfreno, un mucho de disipación, bastante de liviandad, y una incontinencia que excedía las expectativas de sus conciudadanos. Y esta situación suministró carnaza fácil para los libelos antimonárquicos que ya comenzaban a calentar la olla revolucionaria, siendo su conducta la que engrasó el cauce por el que la gran esfera de la monarquía absoluta comenzaba a precipitarse hacia el abismo republicano.
Tuvo que entrar en escena, desde Alemania, el hermano de la delfina para convencer al pusilánime monarca de que se sometiera a la pequeña intervención y lograr así, después de dos mil noches, consumar su matrimonio.

En fin, que el frenillo real tuvo una importancia decisiva en el devenir de los acontecimientos. Paradójicamente, de aquella ausencia de polvos vinieron los sangrientos lodos de la Revolución Francesa, y con ella el Año del Terror.

Y pienso en el pobre Luis, el que se asustaba ante una pequeña incisión: ¿Qué pensaría - ya convertido en el ciudadano Luis Capeto- ante la angustiosa visión del Gran Bisturí, de la escalofriante Navaja de la República, de la afilada guillotina?

Pena me da.
¿Y a vosotros?

Tordon

PD: Y no puedo apartar de mi cabeza una duda: Nuestras clases dirigentes, especialmente la realeza, ¿estarán siendo suficientemente sometidos a exhaustivos controles de calidad?