Estimados blogueros:Hoy, aunque parezca lo contrario, no pienso hablaros de globos aerostáticos, sino de concentraciones moteras.
Y cuando pienso en la enorme cantidad de viandas que se ingieren en tales eventos, no me extraña que los fabricantes- para trasladar al piloto- necesiten crear cada año motores de mayor cilindrada.
Pero si obviamos los efectos colaterales del comercio y del bebercio, he de reconocer que soy un gran aficionado a las motos.
Y me devano los sesos intentando adivinar la causa del extraño placer que siento al deslizarme a lomos de una máquina en continuo equilibrio inestable.
Y me exprimo el cerebro buscando la etiología de ese inusual gozo que proporciona una actividad plagada de aceleraciones salvajes, frenazos violentos y tumbadas suicidas.
No sé, pero estaréis de acuerdo conmigo en el encanto especial del excitante mundo de las dos … ruedas.
Saludos cordiales
Tordon
PD: Tengo suscrita una póliza para asegurar mis dientes.
No, malpensados, no es porque haya mucho que morder, sino por la dureza del asfalto.