La necesidad de actualización cultural es uno de los paradigmas indiscutidos de nuestra época. Y estaréis de acuerdo conmigo en que ningún sitio puede ser mejor que la sala de espera de un dentista para instruirse en novedades editoriales, primicias literarias, dilemas intelectuales, hipótesis pedagógicas y hallazgos ensayísticos.
El otro día, mientras atenuaba la ansiedad previa a la intervención, descubrí un suceso relevante, un hecho sobre el que yo había llamado la atención en repetidas ocasiones en este blog, un reconocimiento que- se mire por donde se mire- es de pura justicia.
Y es que estando yo pendiente de Nóbeles, clásicos y demás mariconadas escritas, desconocía la existencia de esta biblia bien informada que – ni que decir tiene- pasará de ahora en adelante a constituirse en mi libro de cabecera, en un texto de obligada consulta que quedará permanentemente depositado en mi mesilla de noche, cerca de la almohada y de mis sueños, al lado del corazón y lejos de la vista de profanos. (Especialmente los armados con rodillo de cocina)
Os extracto alguna iconografía de este magnífico e irrepetible tratado sobre la belleza:
El otro día, mientras atenuaba la ansiedad previa a la intervención, descubrí un suceso relevante, un hecho sobre el que yo había llamado la atención en repetidas ocasiones en este blog, un reconocimiento que- se mire por donde se mire- es de pura justicia.
Y es que estando yo pendiente de Nóbeles, clásicos y demás mariconadas escritas, desconocía la existencia de esta biblia bien informada que – ni que decir tiene- pasará de ahora en adelante a constituirse en mi libro de cabecera, en un texto de obligada consulta que quedará permanentemente depositado en mi mesilla de noche, cerca de la almohada y de mis sueños, al lado del corazón y lejos de la vista de profanos. (Especialmente los armados con rodillo de cocina)
Os extracto alguna iconografía de este magnífico e irrepetible tratado sobre la belleza:
El dentista me hizo una endodoncia, de acuerdo, pero yo- en un descuido de la enfermera- le robé la revista.
Y es que la venganza se sirve… en papel couché




