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domingo, 7 de marzo de 2010

Con frac y a lo loco

Dicen que las ovejas- bondadosas pero atolondradas- siempre vuelven al redil. ¿Ocurrirá lo mismo con los borregos?
Sea como sea, aquí estoy de nuevo para poner a prueba vuestra abnegada paciencia, vuestra virtuosa templanza, vuestra generosa comprensión de la que - inasequibles al desaliento cibernético- una y otra vez hacéis gala.
Aunque me temo que esta espectral aparición tan solo se trata de un leve paréntesis en la desenfrenada actividad profesional en la que me hallo inmerso.
Y es que precisamente, cuando buscaba para mi nuevo libro (ya sabéis, asuntos técnicos, nada interesante), la etimología de la palabra “fracaso”, me vino a la memoria aquella célebre anécdota atribuida a un político venezolano:

Cuentan que en la ceremonia con la que concluía su mandato , el susodicho presidente- que vestía un elegante frac diseñado en la misma ciudad- fue interpelado por un dirigente opositor que hacía referencia al putapénico estado en el que quedaba sumida la economía:
-¡Qué fracaso, Sr. Presidente!
El mandatario, ingenuo y pagado de sí mismo, pensó que su interlocutor se refería al magnífico frac que lucía -(“fracazo”)- y respondió:
-Sí señor, y además es de sastre venezolano.
El opositor se limitó a murmurar resignado:
-En efecto Sr. Presidente, es desastre venezolano.

En fin, estimados blogueros, que entre agobio y sobresalto, yo también me pregunto:
¿Cómo demonios van vestidos nuestros gobernantes?
¿De góticos o de visigóticos?

No lo sé, pero me pongo en lo peor…