Sin saber por qué, un día cualquiera, alguien te dedica una canción (ver comentario de Mamá-rín del 2 de Julio).
En ese instante, como si de un milagro se tratara, se enciende una llama que te ilumina la mente con un lejano recuerdo.
Y si coincide que te encuentras casualmente con una resquebrajada guitarra en la habitación de tus hijos, y que revuelves el sótano hasta dar con aquella oxidada armónica que dabas por perdida,- (y obvias la mínima vergüenza necesaria para circular con dignidad por la vida)-, ocurren cosas como esta:
En ese instante, como si de un milagro se tratara, se enciende una llama que te ilumina la mente con un lejano recuerdo.
Y si coincide que te encuentras casualmente con una resquebrajada guitarra en la habitación de tus hijos, y que revuelves el sótano hasta dar con aquella oxidada armónica que dabas por perdida,- (y obvias la mínima vergüenza necesaria para circular con dignidad por la vida)-, ocurren cosas como esta:
No me lo tengáis en cuenta: Ya sabéis que se me ha muerto el sauce y que tengo las defensas bajas…