
Nemorino, humilde camarero de un hotel de la costa amalfitana, está perdidamente enamorado de su jefa, la bella Adina, pero como es muy tímido no se decide a tirarle los tejos.
La muchacha, que lo ve venir de lejos, y que además de rica es un poco creída, no le hace ni puñetero caso y dedica sus coqueteos al sargento de marina Belcore. De sobra es conocido el influjo que los uniformes provocan en la mayoría de las mujeres:”No hay belleza que se resista ante la vista de un soldado; a Marte, Dios de la guerra, hasta la madre de Cupido se rinde”
El pobre Nemorino, desesperado, se acuerda del filtro amoroso que Isolda utilizó para cazar a Tristán, así como de los brebajes epóxicos que Eufemiano Fuentes le chutaba a Marta Domínguez. Así pues, se dirige al charlatán Dulcamara y le exige que-considerando su sapiencia en esas lides- le prepare un elixir para que Adina caiga rendida a sus pies. Al pseudodoctor, no se le ocurre mejor idea que vender al ingenuo enamorado una botella de Rioja e informarle de las portentosas virtudes mágicas de tan extraordinaria pócima.
El crédulo Nemorino, se trasiega el bebedizo al instante y, aunque se encuentra más contento y desinhibido que de costumbre, no acaba de ver los efectos milagrosos de aquella costosa medicina.
Entretanto, ocurre un suceso del que todos tienen conocimiento menos el propio interesado: La muerte de un pariente lejano, convierte en millonario al pobre camarero que, repentinamente, y desde entonces, es objeto de innumerables atenciones por parte de todas las muchachas de la zona. Nuestro ingenuo protagonista atribuye a la pócima de Dulcamara este insospechado éxito entre las chicas, aunque sigue sin entender por qué no acaba de funcionar con la moza que a él le gusta.
Y – como era de prever- la bella Adina, al ver a su antiguo pretendiente tan solicitado por otras féminas, y viendo que éste ya no le prodiga las mismas atenciones, se da cuenta de lo muuuuucho que le quiere, de lo muuuucho que siempre le ha querido y de lo muuuucho que en el futuro lo querrá. (Alguna vez oí que las mujeres se casan con un hombre no para tenerlo, sino para no dejárselo a las amigas).
El Dr. Dulcamara, atisbando nuevas oportunidades de negocio, cuenta a la muchacha que el inesperado éxito de su hombre se debe a su bebedizo, pero ella, que además de guapa, es lista como el hambre-¡ay las señoritas!-le responde:” La ricetta é il mio visino, in quest´occhi é l´elisir ” (La receta es mi mirada, en estos ojos está el elixir).
¡Y vaya si lo consigue! Porque cuando se juntan el hambre con las ganas de comer, el resultado es más que previsible.
CONCLUSIONES:
1. Nadie se resiste al atractivo de la presencia de un uniforme (incluidos los controladores aéreos)
2. Una cuenta corriente saneada es un arma de seducción + IVA.
3. Un lingotazo a tiempo puede servir de ayuda a los más tímidos.
4. El estar enamorado no es atenuante en el control de alcoholemia.
5. Independientemente del elixir que se elija, la mujer tiene siempre la última palabra.
6. Cuando el amor llega, resulta altamente recomendable tener un tío millonario moribundo.
7. Nunca se debe hacer caso de las interpretaciones operísticas aparecidas en un blog.
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PD: ¡Dios mío, casi 70 líneas de entrada! Si como dicen los expertos, nadie lee en un blog más allá de las 10 primeras , todo mi esfuerzo ha sido vano.
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Bueno, os lo perdono, so-vagancios, pasad directamente a las conclusiones y olvidaros de mis muertos.