
Un radiante 17 de Julio del año del Señor 2010 aconteció el tumultuoso desembarco de las huestes del submarinobajoelgrifo en la tranquila aldea de Pando.
Ruido y nueces, sonrisas y lágrimas, pan y circo, se dieron cita en la madre de todas las batallas en los verdes prados a la vera del Sella.
Y yo, como humilde testigo de tan magno acontecimiento, juro que contaré con fidelidad todo lo que mis ojos vieron para que sirva de ejemplo a las generaciones venideras y a todos los cotillas blogueros que quieren enterarse de lo que aquí sucedió.
En contra de lo previsto, todos acertaron a la primera con el lugar, lo que demuestra el carácter despierto y el sentido de la orientación de los levantiscos que por este blog pululan.
Y en cuanto vi aparecer la hermosa silueta canaria de Impasse con una botella de tinto en cada mano, comprendí que los hados nos eran propicios y que nada malo habría de acontecer.
Y también contemplé a Fiebre, la superestrella malagueña, esa sirena solitaria a la que no se le conoce varón, un tipazo impresionante, un verdadero desperdicio de la naturaleza, que demuestra que los hombres del Sur padecen una severa ceguera. Como corresponde a su cargo, y en un alarde de responsabilidad, se colocó -para vigilarlo- al lado del escanciador y manejó el gatillo con soltura. A su lado se encontraba Mar (adentro), otra escultural y espigada mozalbeta sureña de sonrisa fácil y trato agradable.
Entre ellas- sin saber por cual decidirse- el aguerrido Fabián, un fornido malacitano que, arremangándose la casaca albiceleste nos demostró que las sardinas son cosa de los espeteros del Pedregalejo.
Y también haré mención de la internacional Conguito, una muchacha hermosa y serena, virtudes que de nada nos sirven, ya que un alemán la vio primero. Y nos demostró con hechos y pasteles que poco hay de farol en sus suculentas recetas. Mis caries y mis michelines saltaron de alegría ante la vista de sus tartaletas de guindas y chocolate, por no mencionar las ya célebres “galletas Conguito”(marca registrada) que hicieron las delicias de todos los presentes.
Haré una mención especial para su atlético consorte, un hombre de hierro que- deshidratado por el reciente triatlón de Niza- se bebió hasta el agua de los floreros: Un tipo encantador que como cualquier alemán-domina el juego aéreo y defiende los córners con eficacia (menos el de Pujol).
Peleón, haciendo honor a su nombre, nos deleitó con sus rasgueos de guitarra y su chotis castizo. Defendió la portería de los esportinguistas con seguridad, aunque de vez en cuando se le iban los ojos tras la Carbonero.
Luis , el Sidreru Mayor, Gigi el amoroso, llegó precedido por su fama con una caja de sidra en una mano y la Solitaria en la otra. Hombre correcto y educado, luchó lo indecible contra las huestes oviedistas, pero cuando éstas comenzaban a calentar, él-poco acostumbrado a enfrentarse a gente tan joven- ya pedía la hora.
Y yo, agobiado ante la presión rojiblanca, simulé varias lesiones, para ver si la Fiebre (que ejercía de árbitro y masajista) entraba al campo a hacerme el boca a boca.
Pero no picó… ¡Mecagüen…!
La Soli, autora de tres goles en propia puerta, me dio varios besos a lo largo del día, pero fueron demasiado fraternales, o sea que no cuentan.
También hay que hacer mención especial a Luna, cuyo pelo se confundía con el azul del cielo . A pesar de su porte de diosa griega, elaboró unas deliciosas albóndigas y me robó el cartel del parking.
A su lado, el ilustre y discreto Ministro del Metal, el hombre tranquilo, un padrazo abnegado, un santo Job con cascos, un ente filosófico, un tipo pausado.
Hubo más gente (Mercedes, Helena, Lara, Miguel Angel, Pepe Monteserín, Dani) que aunque no tienen blog y por ello nos se describen en este relato, merecieron sobradamente la pena.
Comprendo que esta crónica no clarifica lo que sucedió en este día, pero es que existen cosas que solo se pueden explicar con el corazón y no con palabras.
Bss.
PD: ¡Un dato más!: Aprendimos a decir en alemán “por la cara”. Creo que se decía “alaputtenstrassen”, pero no me hagáis mucho caso.
PD2: Peleón, como puedes comprobar en la foto oficial, las Impatiens rojas de mi escalera tardarán en olvidarse de ti.
Bueno, os dejo, que todavía tengo muchos platos que fregar…