
El “sabio de Weimar” añadía que le resultaba muy difícil analizar esta obra, ya que
sentía tal emoción al hacerlo, que el libro se le caía de las manos y no podía
continuar con la lectura.
Y a mí me ocurre algo parecido: Tengo miedo a que se me caiga la televisión
cuando veo jugar a la rojigualda.